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21.10.2017
El otro lado del triunfo argentino

Manuel, el “brujo” de Gorina al que muchos le agradecen por la clasificación a Rusia

Viejo conocido de los gorinenses y del mundo Pincha, el “sanador” cobró un protagonismo impensado tras el partido en Ecuador

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Por facundo bañez

“Papá... jugaban bien pero no hacían goles. Ustedes lo vieron. Todos lo vieron ¿Cómo se llama eso?”. Todavía cansado por las casi nueve horas de vuelo y un tanto sorprendido por los periodistas que lo esperaban en su templo de Gorina, Manuel Valdez (57) no perdía el aire cansino que todos en el barrio le conocen y, sin ocultar la incomodidad que le despiertan las cámaras, los flashes y el hablar en público, buscaba el modo más coloquial posible para explicar lo que acaso no tenga demasiada explicación. “Tenían una energía muy negativa y yo la destrabé -resumía él, como si lo que dijera fuera de lo más elemental-. Le habían hecho un trabajo muy fuerte para que no ganara la final con Alemania, en Brasil. Pero ya está. No podían hacer goles y ahora pudieron. Así de simple”.

Acompañado por tres de sus cuatro hijos, con los ojos llorosos por la emoción al oír las palabras de orgullo de su hija y dispuesto por primera vez en su vida a responder preguntas para la televisión, Manuel -o el Brujo Manuel, como se lo conoce- tuvo ayer, clasificación al mundial de Rusia mediante, su momento de fama y gloria casi como un protagonista más de la Selección. Y en rigor lo fue: llevado al mundo AFA por Sebastián Verón luego de varios “encargos espirituales” exitosos en Estudiantes de La Plata -Copa Libertadores incluida-, Manuel viajó de manera exclusiva a Quito y allí, en el estadio Atahualpa, formó parte de la delegación nacional para hacer lo que mejor dice hacer: destrabar problemas. “Yo voy, camino un cachito por la cancha y por el vestuario y ya está. Hago lo que tengo que hacer y listo”, explicaba Manuel. “¿Y qué hace?”, preguntaban a coro los periodistas. “Mis cosas”, fue la respuesta, y dejó al fin escapar esa media sonrisa y el aire zumbón que en la fábrica abandonada de Gorina, donde trabaja desde hace más de veinte años y atiende cuatro días a la semana, todos le conocen como una marca registrada o como una prueba de su sabiduría campechana y natural.

Si bien para algunos pueda ser ahora un personaje exótico y llamativo, bizarro dirán otros, lo cierto es que en Gorina hace años que todos saben de Manuel y su legendaria fama sanadora. Llegado de Tucumán hace más de tres décadas, Manuel detalla que su poder -ese don para el que no existen definiciones rigurosas ni tampoco adjetivos precisos- fue heredado de su abuela tucumana y será transmitido, el día de mañana, a una de sus hijas más pequeñas.

“El sueño de poder estar en la Selección uno lo tenía desde siempre -contaba ayer, abrazado a su hija Brenda-. Y la verdad es que ahora no puedo despertar de ese sueño. Es mi sueño y el sueño de todos hecho realidad”.

La misión no era de final sencillo pero se llevó a cabo con el consentimiento de las autoridades de la AFA y bajo la autoría intelectual de Sebastián Verón, quien, desde el puesto de director de los Seleccionados Juveniles, le pidió a los ex jugadores pinchas Claudio Gugnali y Julián Camino que fueran en busca de Manuel y lo escoltaran hasta Ezeiza, donde el lunes y sin preparativos para nada tomó un avión con destino a Quito.

Aunque viajó de incógnito, su historia se conoció poco antes del inicio del partido y se transformó en una de las situaciones pintorescas que envolvieron al crucial partido. Partido que Manuel observó desde un lugar privilegiado. “Lo vi en el palco -contaba ayer, risueño pero sin perder la timidez-. Estaba Ruggeri, todos. Ahí me quedé quietito, solito ahí. No hablo con nadie porque prefiero pensar en mis cosas”.

Manuel no le pone tarifa a su trabajo pero ayer reconoció que le pagaron toda su excursión por tierras ecuatorianas. “Uno atiende a 800 ó 900 personas por día y te dan 10 pesos, o a veces menos, y con eso uno vive. Yo no necesito más. Y el que no puede pagar, no paga. La gente trae todos los problemas, amor, salud, tristeza, enfermedades. Y uno escucha. Y si se puede, ayuda...”

DE GORINA A RUSIA

Cerca de lo que alguna vez supo ser el acceso principal a la fábrica abandonada de Gorina -una mole de hormigón que se pierde en calles de tierra sin nombre ni número y cuyos viejos galpones son hoy el refugio de unas 170 familias-, todavía perduran los hangares donde funcionaban las enconadoras de hilo y las dependencias que usaban los obreros textiles en los años sesenta. En ese lugar, a unos metros de un altar levantado al Gauchito Gil, Manuel trabaja desde hace casi veinte años y viven algunos de sus nueve hermanos. “Uno se acostumbra a ver pasar gente todo el tiempo pero esto nos sorprendió a todos -decía Ramón, uno de los hermanos más grandes de Manuel, mientras los móviles de televisión iban llegando a lo que antes era la histórica tejeduría y ahora es un populoso barrio de Gorina-. Por suerte clasificamos y salió todo bien. Porque sino...quién te dice que venían a buscarnos para echarnos la culpa a nosotros...”.

Por el improvisado consultorio de Manuel llegan a pasar casi 800 personas por día, y sus trabajos son tan conocidos que no sólo atraen la atención de famosos futbolistas sino también de artistas como Cacho Castaña, quien se acercó hasta la fábrica hace unos años y cuando los pulmones ya no le daban más. “Vino porque se estaba muriendo -dice Manuel, con talante apocado y cierto parecido a Durán Barba-. Y miralo ahora: se estaba muriendo y volvió a cantar”.

Lejos de buscar publicidad, pidiendo no ser fotografiado pero aceptando el pedido ante el ruego de los periodistas, Manuel cuenta que lo suyo no es tan fácil de explicar. “Es un don que tengo de chiquito -revela-. Ya viene de familia. Mi abuela tenía el mismo don. ¿Si cobro por los trabajos? No, la plata no me interesa. Hago sanaciones porque me sale del alma. Aunque por supuesto que no todo tiene cura. Hay cosas que son irreversibles. Y cuando las veo lo digo. No me gusta crear falsas ilusiones en la gente. Por fiero que sea lo que uno ve, hay que decirlo. Con eso no doy vueltas. Al pan pan, y al vino vino”.

Las historias que rodean su figura son infinitas, casi tantas como las que alguna vez, hace ya varios años, supieron contribuir a la mitología fantasmal de la vieja fábrica. Se dice que un futbolista famoso le regaló una camioneta en agradecimiento a una lesión curada. Se cuenta también que acompañó a varios planteles de fútbol -Mauro Matos lo llevó al plantel de San Lorenzo que salió campeón de América en 2014- y que presenció charlas técnicas adentro de vestuarios. Manuel cuenta esas vivencias pero prefiere no hacerlas públicas. “No me gusta la publicidad -se excusa-. Fijate que han venido a hacerme notas y nunca quise hablar con nadie. No es por nada, pero no me gusta hablar mucho...”.

DE LA CUNA PINCHA

¿Magia? ¿Sugestión? ¿Pura fábula y poco más? Quienes rodean a Manuel saben que a él poco le importa lo que digan. Aunque hay algo seguro: un poco de orgullo sintió cuando el propio Claudio Tapia, presidente de la AFA, terminó de felicitar a los futbolistas en el vestuario ecuatoriano y miró con ojos de agradecimiento infinito a Manuel. “Je, él también hizo lo suyo”, dicen que dijo el ahora mandamás del fútbol argentino.

Su fama a nivel local comenzó a crecer en 2009, cuando Verón lo llevó al Pincha para cubrir el lugar que acababa de dejar Alberto Marcelo Monasterio, el hombre que obraba de ayuda espiritual de Estudiantes hasta que murió por una grave enfermedad.

Entre el mito y la verdad a voces, a medio camino entre la leyenda y el relato que se vuelve pintoresco y llamativo cuando brotan los detalles, en Gorina cuentan que fue el propio Verón quien recurrió a las artes de Manuel cuando, todavía como jugador, la rodilla derecha no le dejaba recorrer las canchas con tranquilidad. Cuentan que la Brujita había intentado todos los tratamientos, pero todos los dejaban sin resultado. Lo había probado todo menos al Brujo Manuel. “No usa pócimas mágicas -decía una vecina de Gorina que conoce a Manuel de toda la vida-. El te escucha y te habla. No es un brujo. Es un hombre de paz”.

Así como fue Estudiantes el lugar de donde salieron los últimos estrategas que llevaron a la Selección Argentina a lo más alto -primero las dos finales del mundo con Bilardo y luego la final con Sabella-, ayer en Gorina algunos bromeaban y decían que el aporte clave del Pincha para el fútbol argentino en la próxima cita mundial será, por qué no, el Brujo que empezó con sus primeros trabajos deportivos en la Copa Libertadores de 2009 y terminó esta semana en el Atahualpa de Quito con el equipo de Messi.

¿Se ve Manuel en el próximo mundial?, fue una de las tantas preguntas que ayer le hicieron. ¿Se imagina viajando a Rusia junto al plantel? Fatigado por las horas de vuelo, obligado a una expresividad que no acostumbra y algo vergonzoso de las cámaras y los micrófonos, Manuel recibía las preguntas y respondía con los hombros encogidos y una sonrisa que resumía el alivio y la esperanza en un solo gesto. “¿Y a quién no le gustaría ir al mundial?”, respondió él en tono zumbón. Y no hizo falta que nadie le conteste. ¿A quién no le gustaría, al fin y al cabo, ir al mundial?

 

 

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