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“MADELA” OCAMPO, UNA SúPER ABUELA PLATENSE

Una historia familiar escrita entre eucaliptus, palos de hockey y pelotas de rugby

Ochenta y dos años vividos en páginas desbordadas de amor junto a Jorge Chicho Merlo, su gran compañero de vida

Una historia familiar escrita entre eucaliptus, palos de hockey y pelotas de rugby

maría teresa ocampo, reunida con su familia, dedicada a la práctica deportiva en diferentes instituciones de la ciudad. una postal para el recuerdo/ gonzalo mainoldi

RODRIGO CHAGARAY

Cuando llegó el rumor con un dato inédito, todos los caminos condujeron a esa entrada de campo de la calle 60 bien al fondo, en el oeste del Gran La Plata, que está flanqueada de añejos eucaliptus; donde el relato dulce, risueño y lleno de anécdotas de María Teresa Ocampo, le dio cuerpo y alma a esta historia rica en vivencias deportivas y recuerdos de familia.

La súper abuela platense de ochenta y dos años es la misma que crió junto a su marido Jorge, una numerosa familia de deportistas; esos mismos que vistieron o visten los colores de varios clubes de nuestra ciudad, Chascomús e incluso Capital Federal, emparentados con el rugby y el hockey, fundamentalmente.

Lo cierto es que la charla se inició recordando a Jorge Chicho Merlo, su esposo: “El nadaba en el club Estudiantes pero después empezó a jugar al rugby en La Plata Rugby cuando estaban en el Bosque; con ese arroyo que venía del Zoológico ¡que era una cosa!, (el famoso “Mississippi” de los orígenes de la entidad canaria). Mi esposo (abogado de profesión) fue capitán de la cuarta división del club, tengo muy lindos recuerdos de esa época, esos terceros tiempos que hacíamos en esa casita divina, en medio de la arboleda, con tantos amigos y amigas”, recuerda “Madela” Ocampo, ex docente platense y sobrina de Benito Lynch, el famoso escritor de literatura gauchesca, también nacido en nuestra ciudad.

Verlos jugar en este lugar que fue hecho con tanto amor, emociona mucho”

Es que los deportes en la familia Merlo- Ocampo, parecieran estar en el ADN familiar: “Esta loca familia mía -los mira y los señala con la mirada- empezaron nadando como mi esposo en Estudiantes y después por ir al colegio San Luis, terminaron jugando al rugby ahí. Chicho llevaba a los chicos a nadar todos los santos días a la sede de la calle 54, era como un ritual; incluso Jorge (uno de sus nueve hijos) salió campeón de natación de chiquito”, insiste la abuela Ocampo.

A lo que agregó: “Vivíamos en 8 entre 54 y 55, justito a la vuelta del club Estudiantes; vivimos cada consagración del Pincha como locos, salimos a festejar por 7, todos agarrados de la mano, uf… ¡¡¡Qué cantidad de gente!!! Me agarró un miedo terrible, me asusté mucho pero festejamos muchísimo, vimos a los jugadores”, termina rescatando del arcón de los recuerdos Madela; mamá además de Teresa, Segundo, Titina, Florencia, Facundo, Josefina, Rosaura y Hernán, la banda de Merlo´s que criaron a su vez 21 nietos que juegan al rugby o al hockey en los clubes San Luis, Universitario, Los Tilos, Atlético Chascomús y Belgrano Athletic.

UNA ESTRATEGA a la que no se le escapa EL MÁS MÍNIMO DETALLE

“Me acuerdo de llevar a los nenes al colegio Monseñor Rasore (hoy Colegio San Luis) caminando siempre por el mismo trayecto, para que ellos se acordaran y volvieran solos. Pero no, por ejemplo Segundo no llegaba a la esquina, que después de dejarlo, ya lo tenía pegado a mí nuevamente”, comentó riéndose Madela, entre sus ojazos azules y la mirada atenta de sus hijas. A lo que añadió: “Esta familia mía me hace feliz y me hace recordar las palabras de mi marido ‘Lo único que te voy a dejar son hijos’ y así fue, mirá que cantidad de gente” le dice a este cronista señalando a su legado que para la foto entre hijos, hijas, nietos, yernos y novios o novias sumaron 38 personas.

UNA FORTALEZA FAMILIAR

“Con Chicho hicimos todo esto que ves (señala y amplía con su mano su casa, bautizada “La Madela”); cortamos árboles, limpiamos terrenos; ayudé a parir a las yeguas cuando criábamos caballos; es lo que más orgullo me genera, que mis nietos y mis hijos puedan disfrutar esto realmente me hace feliz, verlos jugar en este lugar que fue hecho con tanto amor, realmente me emociona mucho”, aseguró la súper abuela que para el final dejó las delicias que le piden sus nietos: “Croquetas de papa, fideos con hongos y tortillas”.

Este fin de semana, con el clima soleado, entre cálido y caluroso, la reunión familiar tuvo un condimento especial en un espacio privilegiado para descansar, repasar lo realizado y poner los pensamientos en modo futuro, para planificar lo que vendrá.

María Teresa no le pierde mirada, con mucho afecto, a todos sus familiares y sabe todo de cada uno. Es un referente para una familia que tiene ese perfil tan particular vinculado enteramente al deporte.

“Madela” no deja de contar anécdotas. Toma algunos respiros, y vuelve a desandar numerosos y coloridos recuerdos. Y entre los cantos de los pájaros, las miradas risueñas de sus hijas y algunos de sus nietos le bajó la persiana a la historia, su historia.

 

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