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16.1.2018
De la mano de las nuevas tecnologías

La oficina portátil, la tendencia que se afirma en la Región

La experiencia free-lance en La Plata, el trabajo en línea desde casas, bares o plazas y el desembarco de modalidades laborales como el “coworking”

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Juliana en su “oficina”, un bar del centro platense. Asegura que sólo le alcanza con la computadora y el teléfono para desarrollar su tarea laboral / gonzalo calvelo - gonzalo mainoldi

“Lo mejor del coworking son las relaciones, compartimos ideas y salen cosas muy interesantes” EZEQUIEL VERGAGNI, Coworking - roberto acosta

“Algunos dicen que si trabajan desde su casa trabajan más horas. Puede darse, pero depende de tu organización” ROMINA GRIGIONI, Home office

CECILIA FAMÁ
cfama@eldia.com

Es domingo. Llueve. Desde las 7.30, con un termo a tope de agua caliente y su mate preparado, Romina enciende la computadora en la galería de su casa y se dispone a trabajar. Son el día y el horario que más le rinden, dice. La “home office” funciona así: cuando todos duermen, cuando no hay actividad en casa, son los momentos más productivos. El resto de ésa y otras jornadas, la dinámica laboral es diferente, pero no se frena: la puesta en marcha del lavarropas o la preparación del almuerzo de los niños se alternan con mensajes telefónicos y audios de WhatsApp con indicaciones para algún colega o jefe.

El tiempo vuela. En la vertiginosa actualidad, aprovecharlo de la manera más eficiente posible es mejorar la calidad de vida. Y lo mismo vale para la logística cotidiana. Moverse en el laberinto urbano, plagado de escollos -piquetes, embotellamientos, obras- puede exasperar al más pintado, sumando estrés y restando productividad a sus horas. En este contexto, nuevas modalidades de trabajo se multiplican al compás de las innovaciones tecnológicas: emprendedores y empleadores, trabajadores y jefes, pueden plantearse objetivos impensables apenas unos años atrás.

Hay quienes eligen realizar sus actividades desde casa y, flexibilización de los acuerdos laborales mediante, resignan una porción del sueldo en su empresa a cambio de más tiempo con la familia, o la chance de poder compatibilizar varias ocupaciones; otros trabajan desde bares o plazas, cada vez más preparados para recibirlos con sus conexiones a Internet; y otros alquilan oficinas temporales, o eligen la modalidad del “coworking” para achicar costos.

Se trata de tendencias que surgieron en las grandes urbes mundiales, y están llegando a la Argentina -y a nuestra ciudad- con fuerza cada vez mayor; de hecho, para la mayoría de estas modalidades no existen aún denominaciones en castellano difundidas: el nuevo léxico del trabajo en el siglo XXI incorporó términos como “home office”, “desk sharing”, “carpooling”, “rideshare”, “coworking”, “office sharing”…

“YO SOY MI OFICINA”

Periodista y productora de eventos, Juliana Godoy (33) alterna su trabajo en una radio local -en la que trabaja de lunes a viernes, por la tarde-, con las tareas de la agencia de comunicación que fundó junto a una amiga. Juntas se dedican a hacer prensa a bandas de La Plata y a proyectos editoriales y artísticos.

“Con la computadora y el teléfono, hoy puedo producir desde cualquier lado. Yo soy mi oficina”, dice Juliana, que si bien vive sola y podría usar su casa como lugar de trabajo, elige diferentes bares de la Ciudad para instalarse a hacer llamados, responder correo electrónico y planificar sus tareas.

“En casa me distraigo mucho, empiezo a hacer otras cosas, me disperso” admite: “Si voy a un bar, sé que esas dos, tres horas que estoy ahí las uso para trabajar. Voy cambiando de lugar, porque en cada uno hay diferentes climas según el horario”.

“Hace varios años que trabajo desde bares, hay lugares que a la mañana son geniales, pero desde el mediodía ya no te podés concentrar, va mucha gente a almorzar y se genera ruido. O que a determinado horario ponen música que no está buena” precisa Juliana: “Mi preferido es el de 12 y 42, porque es muy tranqui los días de semana. En la tarde-noche, es más difícil encontrar lugares tranquilos, me encanta un bar de jazz que queda en 9 y 53, en el que puedo pedirme una copa de vino y terminar las tareas del día”.

La ruta de bares de Godoy sigue algunas pistas: que el ambiente y la deco del lugar sean agradables, que haya buena conexión a Internet y enchufes accesibles, y que el nivel de ruido le permita trabajar.

“Los bares están teniendo muy en cuenta estas cosas y las mejoran, haciendo más fácil trabajar desde allí, porque cada vez hay más gente que lo hace” agrega: “Siempre te hacen sentir cómoda; a mí me pasa que hay veces en que desayuno o almuerzo; otras en que organizo reuniones y somos un par; y otras en que estoy tres horas y sólo tomo un café y como un tostado. Nunca me vinieron a decir nada como para desocupar la mesa; todo lo contrario”.

“No es simple trabajar de manera independiente, pero cada uno tiene que encontrar su método. Yo he leído esos libros de tips onda ‘5 consejos para tener mayor productividad trabajando desde tu casa’… y nunca me funcionan. Encontré la fórmula armando mi ruta de bares” explica la difusora cultural: “Ahora que se acerca el verano, las plazas son también una buena opción porque en muchas pusieron wi-fi. Malvinas, Alberti, son bastante tranquilas de día y tienen buena conexión para sentarse un rato a trabajar al aire libre”.

EL “COWORKING”

Hay quienes necesitan una “base” laboral un poco más formal que un café o un parque, pero realizan sus tareas por cuenta propia para una empresa o tienen su propio emprendimiento. Para muchos de ellos, la mejor opción es alquilar una oficina. Y en La Plata hay cada vez más sitios destinados al “coworking”, espacios colaborativos en los que se pueden llevar adelante proyectos, intercambiar ideas y sentarse varias horas a trabajar en la computadora, sin hacerse cargo de la locación de manera individual.

En estas estaciones de trabajo hay oficinas privadas y hasta salones grupales, salas de reunión y teleconferencia, y también sectores de chill-out, salón de juegos y patios, destinados al esparcimiento.

Quienes van a trabajar allí encuentran todos los días y en todas las salas, termos, mate, cafetera, galletitas, caramelos, además de sillas cómodas, espacios iluminados, Internet de alta velocidad y personas que valoran el trabajo en forma relajada, distendida y colaborativa.

Ezequiel Vergagni (27) es platense y es el creador de Eco Anuncios, la empresa que realiza y distribuye las bolsas con avisos comerciales que encontramos en muchas panaderías de la ciudad. Encontró en un espacio de coworking de 4 y 53 el ambiente propicio para trabajar en su emprendimiento. “Desde casa no diferenciaba el tiempo que era trabajo y el que no; no salía en todo el día” recuerda: “Estuve un año en La Usina de Ideas de la facultad de Ciencias Económicas, un espacio de coworking gratuito, con asesoramiento y en el que hay una selección previa de proyectos, y después me vine para Synergia”.

“Lo mejor del coworking son las relaciones, nos ayudamos, compartimos ideas y salen cosas muy interesantes” dice Ezequiel -mientras prepara mate- en el altillo del lugar, en el que en una mañana primaveral de espíritu veraniego hay cinco compañeros más trabajando, cada uno en lo suyo. Todos tienen entre 23 y 30 años. De a ratos escuchan música, de a ratos comparten otros temas, bajan a comer juntos o separados, vuelven a subir, siguen trabajando, van un rato a jugar con la Play, vuelven. Pasan ahí aproximadamente de 6 a 8 horas. Algunas productivas, otras de dispersión. Les funciona, aseguran.

“Hoy el coworking es tendencia mundial; arrancó como algo más artesanal, para emprendedores, y ya es practicado por grandes empresas. En Buenos Aires el año pasado desembarcó We Work, que es líder mundial en el rubro, con una infraestructura enorme” revela Pablo Aleman (47), ingeniero electrónico que luego de varios años de trabajo corporativo, actualmente es experto en emprendedurismo, o como él se define, es un “emprendedor +40”.

Hoy en día, los espacios de coworking tienen tres áreas: los privados -aquí en La Plata, por ejemplo, grupos de profesionales que tele-trabajan para una empresa porteña-; los espacios de alquiler y salas de reunión; y los abonos de coworking, en los que hay planes desde los $290 mensuales (10 horas por mes, más 4 horas de sala de reunión), hasta los $3.400 (por 200 horas), pasando por varios abonos intermedios.

En los abonos de coworking hay planes desde los $290 mensuales (10 horas por mes)

Nuevas formas de trabajo, al compás de las innovaciones tecnológicas

“Las nuevas tecnologías hacen posibles nuevos sistemas de trabajo como el coworking, que nació para emprendedores, pero las empresas empezaron a entender que muchos profesionales rinden más con sistemas más flexibles” advierte Aleman: “por eso, muchas incorporan el trabajo remoto, mediante el cual algunos empleados tienen el sistema de la empresa en sus computadoras. Y ése es un antecedente del tele-trabajo, que hoy realizan muchos empleados, teniendo la posibilidad de realizar sus tareas una o dos semanas desde su casa”.

“El ADSL hizo esto mucho más posible. Durante el gobierno anterior, el Ministerio de Trabajo armó un piloto de un año en tres grandes empresas para probar y legislar el teletrabajo. La empresa proveía de silla cómoda, matafuegos, mochila con elementos para el trabajo. Hoy en día hay muchos gerentes y ejecutivos que trabajan de esa manera, con una plataforma de seguimiento, pero en la comodidad de su hogar, algunos días de la semana” concluye Aleman. En Estados Unidos, se calcula que uno de cada cuatro trabajadores en relación de dependencia se desempeña parcial o totalmente en esquemas de home-office.

EN CASA

Fuera del ambiente acartonado de una oficina, de los horarios fijos y de las presiones, Romina Grigioni (42) lleva adelante gran parte de su trabajo desde la galería de su casa, con vista al jardín, con las mascotas dando vueltas a su alrededor y con los hijos pateando penales en arcos que se recortan en el verde del fondo.

Ella se graduó en Ciencias Políticas en la UNLP, y trabajó durante varios años y distintos gobiernos en Presidencia de la Nación y luego en el Concejo Deliberante, asesorando a legisladores. “Ya cuando estaba embarazada de mi primer hijo, hace más de 14 años, empecé a traerme trabajo a casa, siempre de común acuerdo con mi empleador y así fui encontrando un modo productivo mucho más cómodo, que aplico en todas las tareas que hago actualmente, aunque en algunas tengo momentos presenciales en las instituciones”, recuerda.

Hoy en día presta servicios en la Cámara de Administradores de Consorcios, el Jardín Crisol, el Colegio Bosque del Plata, es asesora en el Senado de la Provincia y produce y conduce un programa radial. “En cada uno realizo diversas tareas: comunicación institucional, acciones de promoción, organización de eventos” repasa: “en algunos tengo días preestablecidos para ir, es una mezcla de casa-oficina, pero gran parte del trabajo lo hago desde mi casa”.

“Algunos dicen que si trabajan desde su casa trabajan más horas; eso puede llegar a darse, pero depende de tu organización. Yo a determinada hora corto” subraya Grigioni: “Me digo que el día cumplió su ciclo, y corto. Dos días a la semana voy a zumba, ayudo en las tareas a mis hijos… Trabajo por objetivos. Si cumpliera un horario y en ese horario no cumpliera mi objetivo, no estaría haciendo bien mi trabajo”.

“Es cierto también que muchas veces estar en casa distrae, y uno pone a funcionar el lavarropas, cocina algo, se acuerda de planchar una camisa que necesita tu marido a la tarde, etcétera… pero el grueso del tiempo me organizo bien” señala la platense, que incluso se hizo tiempo para hornear galletitas que acompañan el mate durante la entrevista: “Me preparo el mate, la compu, el teléfono y me vengo a la galería a escribir, pedir presupuestos, producir. Curiosamente, mis días más productivos son sábados y domingos a la mañana, bien tempranito, cuando todos duermen, incluso los que trabajan en oficinas. Para mí es la mejor manera que encontré de compatibilizar el trabajo con mi familia… y por sobre todo hacer lo que me gusta”.

25%

Se calcula que uno de cada cuatro trabajadores que están en relación de dependencia en Estados Unidos se desempeña parcial o totalmente en esquemas de home-office.

 

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