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Hay más armas en manos de civiles En el país circulan más de 2 millones y la mitad no está registrada
-En 5 años compré más de 900 armas -dice Lidia de Burry, y lo hace con algo de orgullo pero también con una rara y penosa resignación-. Ahora están en la plaza Malvinas, fundidas en una escultura. Pero si siguiera comprando seguro que aparecerían muchas más. Con la cantidad que hay se podrían hacer monumentos para todas las plazas.
Lo que cuenta Lidia, una docente jubilada del barrio El Palihue que durante años compró y canjeó armas de fuego por alimentos, es una idea que todos sospechan pero que se hace realidad con sólo repasar los últimos datos: en el país hay 2.240.000 armas de fuego en manos de civiles, de las cuales sólo 1.123.000 figuran en los registros legales. El resto está ahí, entre nosotros, escondida en alguna casa o en los asaltos y homicidios cotidianos que ya casi ni sorprenden.
La precisión surge de un relevamiento realizado a nivel nacional por el Ministerio de Salud de la Nación en 2005 pero cuyas conclusiones se conocieron recién el año pasado. Una de las principales respuestas que se obtuvo a partir del estudio es que el 10% de los argentinos tiene un arma. La otra, casi lógica, que la gran mayoría de esas armas tiene una participación activa en los asesinatos que a diario se cometen en el país.
-Siendo que sólo se fabrican para matar -sintetiza Darío Kosovsky, cofundador de la Red Argentina para el Desarme-, las armas no sólo cumplen con ese objetivo en nuestro país sino que quienes más mueren por su uso siguen siendo los más pobres. Su manejo actual excede completamente el universo de los delitos y se ha transformado en un instrumento que interviene hasta en conflictos vecinales.
Lo dice el especialista y lo confirman los datos: del trabajo realizado por el Ministerio de Salud, surgió que en la provincia de Buenos Aires ocurrieron un total de 15.900 homicidios y 8.870 suicidios desde 1997 al 2005. El porcentaje de uso de armas fue del 80% en los homicidios (12.790 casos) y del 39% en los suicidios (3.448 casos), siendo esta proporción de uso de armas de fuego notablemente mayor que el promedio de la Argentina (ver Violencia y uso de armas...)
Según explican los hacedores del trabajo, además, la decisión de incluir en el formulario preguntas sobre inseguridad fue a partir de observar la situación hospitalaria. En los informes se destacaba que "las lesiones intencionales" eran la principal causa de muerte en personas menores de 35 años. De ellas, muchos eran heridos de bala.
VIVIR ARMADO
Todo hace suponer que frente al chalet de Mauricio y Graciela, en Gonnet Bell, hubo un jardín florido, con macetas de varios tamaños y un césped siempre bien cortado. Todo lo hace suponer, pero ahora la imagen es otra. los yuyos ganan la postal y, por culpa de los dos ovejeros que van y vienen por el parque, de las flores coquetas ya no queda casi nada. La imagen cambió a partir del 4 de junio de 2005. Ese día, Mauricio estaba a punto de guardar el auto cuando dos tipos se le acercaron a la ventanilla y lo obligaron a bajar. Se metieron en la casa, le pegaron a él y a su esposa y se llevaron algunas cosas de valor. Antes de irse, como para que nadie se olvidara, uno de los ladrones le disparó un tiro en la pierna. Mauricio terminó en el hospital San Roque y a los pocos días volvió a la casa. Sin secuelas graves en el cuerpo pero con muchas marcas en el alma: tantas que, aunque nunca había tenido una, lo primero que hizo fue comprar un arma calibre 32 y una caja con 50 balas.
A poco más de tres años de aquel episodio, hoy Mauricio y Graciela saben que la casa no sólo cambió por fuera.
-No me gusta nada la idea de tener un arma -reconoce ella-, pero la terminé aceptando porque no tenemos nenes. Si llegamos a tener uno, ya está hablado, acá en casa no la quiero más.
La historia de esta pareja no es rara ni representa un caso aislado. Para nada. Al margen de las cifras aportadas desde el Ministerio de Salud, son varias las ONG's dedicadas al tema que aseguran que la presencia de armas en manos de civiles es todavía mayor. Juan Carr, presidente de Red Solidaria, sostiene que tanto en nuestra región como en el resto del país uno de cada tres hogares tiene un arma de fuego escondida. Y lo más significativo: la mitad de esas armas está cargada y lista para ser usada.
-Cuando difundimos esos datos me dijeron de todo -cuenta ahora Carr-. El dato puede asustar pero es así. Nosotros lo sacamos de cifras oficiales del Renar y el Indec, lo que nos demuestra que hoy varias zonas del país son un verdadero polvorín.
En diciembre de 2006, es bueno recordar, el Senado convirtió en ley el Plan Nacional de Desarme para captar las armas que están en manos de civiles y así destruirlas. El plan contempla que el Estado les pague entre 100 y 450 pesos a todo el que las entregue voluntariamente (ver El desarme...)
Darío Kosovsky, uno de los redactores del proyecto de la ley aprobada, describe aún más la problemática:
-En conflictos entre vecinos o amigos cuya tensión podría llegar a una pelea, la presencia de un arma en el hogar multiplica las posibilidades de que una discusión sin importancia termine con la muerte de alguien.
Otra vez las cifras le dan la razón: según las estimaciones que manejan en Red Solidaria, el 90 por ciento de las muertes por armas se produce en peleas, accidentes y suicidios, mientras que sólo el 10% de los fallecimientos ocurre durante asaltos. Esto significa que cada seis horas muere alguien por un disparo y que una persona pierde la vida por un arma de fuego cada dos días en nuestro país durante una simple discusión.
Además, aunque la mayoría de las personas dice tener un arma por miedo a la inseguridad, desde Red Solidaria se asegura que al defenderse en un asalto con un revolver aumenta en un 300% la posibilidad de morir en ese hecho.
UN POLVORIN
Volviendo al relevamiento del Ministerio de Salud, que abarcó 41.392 encuestados mayores de 18 años en ciudades y pueblos de más de 5 mil habitantes de todo el país, otras de las conclusiones fue que las armas están en su gran mayoría en la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Capital Federal y Entre Ríos, en ese orden. Pero las regiones con mayor proporción de ciudadanos armados son Entre Ríos, La Pampa, el interior bonaerense, Córdoba y Santiago del Estero.
¿Puede el Estado permitir que, argumentando razones de defensa personal, la gente compre revólveres y pistolas? ¿Debe vedarse el acceso de los ciudadanos a las armas? Así planteada, la cuestión enfrenta desde hace tiempo a quienes defienden el derecho ciudadano a portar un arma de fuego para cualquier fin previsto por la ley y a quienes, en la vereda de enfrente, aseguran que la única salida posible para frenar la violencia es que el Estado recupere el monopolio del uso de las armas de fuego y que se profundice aún más el plan de desarme masivo de la ciudadanía.
-El problema es social -sostiene Lidia de Burry-. No se puede hablar del tema de las armas sin tener en cuenta el drama de la exclusión social que sufren millones de chicos en nuestro país. Hay que ir a las bases, al fondo de la cuestión. Los pibes en la Argentina están siendo marginados y el Estado cada vez los protege menos. Después no hay que sorprenderse porque esos pibes agarren un arma como si nada. Toda tragedia siempre tiene un origen.
Al igual que ocurre con el resto de los testimonios, las palabras de la ex docente y su experiencia en la temática cobran una dimensión escalofriante cuando se las comprueba en los fríos números de las estadísticas. Basta con pensar que, sea por la razón que sea, un menor de 24 años muere cada día en nuestro país por un crimen cometido con un arma de fuego. Un arma que tal vez esté registrada. O un arma que, inoperancia estatal mediante, tal vez nadie sepa que exista.
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