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La mejor protección es la competitividad

La mejor protección es la competitividad

Jorge Colina

13 de Marzo de 2026 | 01:11
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eleconomista.com.ar

Los empresarios industriales del mundo occidental están consternados por la potencia industrializadora de China.

El desafío que impone el gigante asiático es complejo porque se presenta con múltiples aristas. Competir con China no implica sólo hacerlo en el segmento de la manufactura de mano de obra barata sino también en el segmento de la alta gama con alto componente de innovación y desarrollo.

Todo, desde la baratija hasta los productos más top, entran a Occidente con precios por debajo de las manufacturas occidentales. Encima detrás de los chinos vienen marchando otros asiáticos de rápido crecimiento industrial como Vietnam, Camboya y la India. O sea que la amenaza asiática está lejos de ser pasajera.

En este marco, la industria argentina enfrenta doble sufrimiento. A la capacidad competitiva asiática se le suma la incapacidad competitiva del entorno económico argentino.

El entorno anticompetitivo argentino está dado por distorsiones macroeconómicas y distorsiones estructurales.

En las distorsiones macroeconómicas se destacan el cepo cambiario, que no deja al dólar buscar su nivel de libre juego de oferta y demanda y una tasa de interés alta inducida con la política monetaria.

Ciertamente que una suba del dólar y una baja de la tasa de interés reavivarán la inflación. Sin embargo, el hecho de tener equilibrio fiscal brinda las condiciones para que dicho reavivamiento sea transitorio. Van a ser tiempos de turbulencias. Pero con el beneficio de que pasadas las turbulencias el entorno macroeconómico será mucho más normal con tipo de cambio y tasas de interés más realistas determinados más por el mercado que por la represión de la política cambiaria y monetaria. Esto sería un punto muy favor de un entorno más competitivo para la producción nacional.

En las distorsiones estructurales se destacan la decrépita infraestructura y las distorsiones impositivas. En materia de infraestructura hace rato que se viene desinvirtiendo y el actual gobierno en su lucha por el equilibrio fiscal canceló la obra pública. De todas formas, se empezaron a licitar obras en vías de comunicación importantes que llevarán tiempo de madurar.

El tema impositivo

En distorsiones impositivas estamos mal porque el gobierno nacional y los gobiernos provinciales y municipales parecen no entender el problema. Todos hablan de la presión impositiva y se vanaglorian de que la bajarán.

Aquí está la mala noticia: el problema no es la presión impositiva, que en Argentina no es alta (30% del PBI; cuando en Uruguay es 27% y en Brasil 34%) sino la proliferación de impuestos que castigan la producción.

La distorsión más grave que hay en Argentina es que una venta está gravada tres veces de manera descoordinada por los tres niveles de gobierno. La Nación aplica IVA, encima de esto las provincias aplican Ingresos Brutos y encima de ambos los municipios aplican tasas a las ventas. Tanto Ingresos Brutos como las tasas municipales a las ventas se aplican en los procesos intermedios de producción lo que hace que los insumos en Argentina sean más caros que en el exterior. Encima, las provincias tienen regímenes de pago adelantado de Ingresos Brutos que generan saldos a favor del contribuyente imposibles de recuperar por lo que quedan incrustados en los costos de producción nacional.

En este marco, bajar un poco los impuestos no sirve de nada. Se puede bajar algunos puntos las alícuotas de Ingresos Brutos y tasas municipales a las ventas y los sobrecostos que generan a la producción se mantendrán intactos. Porque el problema no es el nivel de las alícuotas sino que se aplican en los procesos intermedios de producción (encareciendo los insumos) y con regímenes arbitrarios de pago de cuenta de Ingresos Brutos (encareciendo los insumos y los bienes finales).

La solución es la que hizo la India en el 2017 y Brasil en el 2026. Esto es unificar todos los impuestos a las ventas en un solo impuesto al valor agregado. Para el caso de Argentina sería incorporar Ingresos Brutos y tasas municipales a las ventas en un Súper IVA.

¡Aquí aparecen los equivocados criticando de que la tasa del Súper IVA será del 28%!

La respuestas es: “Sí. Será del 28%. Pero al ser al valor agregado no encarece los precios de los insumos y tampoco se aplican los irracionales regímenes de pago a cuenta provinciales”.

Conclusión. Los asiáticos vienen marchando y no se los detiene con protección. No queda otra que competir con la producción de ellos y para esto es fundamental un entorno macroeconómico más normal y un entorno impositivo con la misma presión impositiva, si querés, pero sin impuestos distorsivos.

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