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Lo que muchas mujeres no saben sobre el riesgo cardiovascular en la menopausia

La caída de los estrógenos elimina una protección clave y eleva la alerta para la salud. Un grupo de profesionales analizan en La Plata cómo los omega-3 podrían ayudar a cuidar el corazón en esta etapa

Lo que muchas mujeres no saben sobre el riesgo cardiovascular en la menopausia

Las doctoras Cecilia Villabrille, Verónica De Giusti, Valeria Martínez, la Licenciada Rocío Garcia y el doctor Gustavo Pérez detrás del proyecto

27 de Enero de 2026 | 00:57
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Durante décadas, las enfermedades cardiovasculares fueron pensadas como un problema predominantemente masculino. Sin embargo, esa idea comienza a desmoronarse cuando las mujeres atraviesan la menopausia, una etapa biológica que marca un punto de inflexión en la salud del corazón. La caída de los estrógenos, hormonas que durante años ejercen un efecto protector sobre el sistema cardiovascular, modifica de manera profunda el funcionamiento de las arterias, el metabolismo y los mecanismos de regulación vascular.

El impacto de ese cambio hormonal es contundente: después de la menopausia, las enfermedades cardiovasculares se convierten en la principal causa de muerte en mujeres y el riesgo puede igualar o incluso superar al de los hombres de la misma edad. No se trata de un proceso repentino, sino del resultado de múltiples alteraciones que se van acumulando con el tiempo.

“Durante la menopausia caen los niveles de estrógenos, hormonas femeninas que han demostrado tener un efecto protector sobre la salud cardiovascular”, explica Celeste Villabrille, investigadora independiente del CONICET en el Centro de Investigaciones Cardiovasculares (CIC) y profesora adjunta de la cátedra de Fisiología y Física Biológica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata.

LA PÉRDIDA DE LA PROTECCIÓN ESTROGÉNICA

Según detalla la especialista, la disminución de estrógenos desencadena una serie de cambios que afectan directamente al sistema cardiovascular. Entre los más relevantes se encuentran la disfunción endotelial, la caída del óxido nítrico —un potente vasodilatador—, el aumento del estrés oxidativo y de los factores inflamatorios, así como una mayor rigidez de las arterias.

A estos procesos se suman alteraciones en el perfil lipídico, un aumento del riesgo aterogénico y cambios metabólicos que favorecen la insulinoresistencia. “Estos son los factores más importantes que explican por qué aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares con la llegada de la menopausia”, señala la platense Villabrille, quien remarca que no se trata de un solo mecanismo, sino de la combinación de varios.

En términos clínicos, este escenario se traduce en un aumento de la presión arterial, mayor predisposición a la aterosclerosis y modificaciones estructurales del corazón, como la hipertrofia cardíaca y la fibrosis, que afectan especialmente la fase de relajación del músculo cardíaco. “La menopausia transforma el perfil cardiovascular femenino, pasando de un estado protegido por estrógenos a uno caracterizado por disfunción endotelial, inflamación, activación neuroendócrina y aterosclerosis acelerada”, resume.

EL ROL DE LOS OMEGA-3 EN LA PROTECCIÓN DEL CORAZÓN

Frente a este panorama, la investigación científica comenzó a buscar estrategias capaces de atenuar los efectos de la pérdida estrogénica. En ese camino, los ácidos grasos omega-3 despertaron un interés creciente por sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, ampliamente documentadas en distintos contextos cardiovasculares.

“Los ácidos grasos omega-3 contrarrestan varios de los mecanismos fisiopatológicos que se exacerban tras la caída estrogénica propia de la menopausia”, explica la investigadora. Su acción sobre la inflamación y el estrés oxidativo resulta clave en un escenario donde ambos procesos se encuentran aumentados y contribuyen al daño vascular y cardíaco.

Desde el grupo de investigación del CIC, estos efectos fueron estudiados en modelos experimentales que simulan la menopausia mediante la extirpación de ovarios en ratas. En esos animales se observó un aumento en la expresión del intercambiador sodio/protón (NHE-1), una proteína clave para el funcionamiento del corazón, y una mayor producción de especies reactivas de oxígeno. “Ambas alteraciones se revirtieron en los animales que fueron suplementados durante tres meses con omega-3”, explica Villabrille.

EVIDENCIA EXPERIMENTAL Y PROYECCIÓN CLÍNICA

Uno de los hallazgos más relevantes fue que, aunque la presión arterial no se redujo, las ratas suplementadas no desarrollaron hipertrofia cardíaca. Este dato refuerza la hipótesis de que los omega-3 ejercen una acción protectora directa sobre el corazón, incluso en contextos adversos como la deficiencia estrogénica.

La especialista aclara que estos ácidos grasos no reemplazan a los estrógenos ni modifican sus niveles en el organismo. “Los omega-3 no van a cambiar los niveles de estrógenos, pero ayudan a retrasar los efectos deletéreos de su pérdida”, sostiene. En ese sentido, advierte que muchas veces el consumo alimentario no alcanza para cubrir las cantidades necesarias, por lo que la suplementación puede ser una herramienta útil, siempre bajo indicación profesional.

Para Villabrille, los hallazgos sobre menopausia, estrógenos y moduladores nutricionales como los omega-3 abren la puerta a repensar la prevención y el tratamiento cardiovascular en mujeres. “Muchos de los mecanismos que causan enfermedades cardiovasculares han sido históricamente poco estudiados en mujeres, especialmente durante la menopausia”, señala. Modificar hábitos de vida de manera temprana y comprender qué ocurre en esta etapa resulta clave, porque —como concluye la investigadora— conocer es la base de la prevención.

EL EQUIPO COMPLETO

En el estudio, además de Celeste Villabrille, participaron la Dra. Verónica De Giusti (investigadora adjunta), la Dra. Valeria Martínez (investigadora asistente) y la Lic. Rocío García (becaria doctoral) y el Dr. Gustavo Pérez (investigador independiente)

 

 

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