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¿La Universidad Nacional de La Plata del siglo XXI?

¿La Universidad Nacional de La Plata del siglo XXI?

Pablo O. Luchessi y Raúl A. Pessacq

7 de Enero de 2026 | 02:11
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En la fundación, J. V. González consideró a la Universidad Nacional de La Plata como una “República de profesores y estudiantes”, por eso elige Presidente y no Rector.

Dijo G. Washington, primer presidente americano republicano en el “Discurso de despedida” en 1796 al rechazar la tercera designación como presidente y pese al “operativo clamor”, a nada más aspiraba, pues se debían evitar los males de la perpetuación en el poder que era una forma de fomentar el autoritarismo, porque se debía evitar la profesionalización de la política, la formación de una élite política que se perpetúe en el poder y el excesivo espíritu de facción, reduciendo el clientelismo, la corrupción y el conflicto de intereses.

El principio de alternancia en el poder está en la esencia de la concepción republicana al posibilitar el aporte de nuevas ideas e incentivar el gobierno a accionar en forma eficiente y eficaz. Permite la renovación y la movilidad política y le brinda legitimidad y confianza. Así se estableció el precedente de la rotación y el flujo de ideas alejando, en aquel momento, la imagen de la monarquía, asentando el concepto de la moderación y el republicanismo democrático.

En forma reciente, la Corte Suprema de la Nación argumentó contra las reelecciones porque debilitan el sistema de pesos y contrapesos de la justicia, propende a la concentración del poder y lesiona la periodicidad de los mandatos, propios del Estado de Derecho.

La UNLP se encamina hacia una nueva elección de autoridades que repetirá nombres y confirmará la vigencia de la “Universidad, autónoma, popular, inclusiva, con ingreso irrestricto, no arancelada, cogobernada, independiente de controles, latinoamericana…”, orientada con Compromiso Social Activo, siendo parte de la solución de los problemas nacionales y no la causa de ellos.

Se reelegirán autoridades, o sus herederas, se re designarán secretarios, subsecretarios, directores, o sus herederos, todos ellos consustanciados y sostenedores del modelo universitario diseñado hace más de un cuarto de siglo, con continuidad, coherencia y lealtad al poder centralizado en el rectorado.

Las numerosas actividades extracurriculares seguirán siendo desarrolladas por una numerosa burocracia en todas las dependencias, que sostendrán la abundante infraestructura ocupacional.

Los concursos docentes, por antecedentes y oposición, seguirán siendo escasos y reemplazados por discrecionales designaciones interinas. Muchos cargos docentes serán utilizados para cubrir empleos de gestión, restándoselos a la docencia.

El ingreso irrestricto y el no arancelamiento en todas las facultades y en todas las carreras aplicados en forma general y unificada para todos los ingresantes, seguirán impidiendo un ordenamiento académico adecuado a las realidades sociales.

El ingreso de estudiantes con la insuficiente preparación primaria y secundaria, seguirá provocando el fracaso masivo, la tentación al “facilismo inclusivo” y la sobre o infra dedicación docente. El escaso rendimiento académico estudiantil y la prolongada extensión de la permanencia en las facultades incentivará la “adolescencia extendida” sin compromiso social o laboral.

Los paros, huelgas, reclamos, movilizaciones y manifestaciones de docentes, estudiantes, no docentes, e investigadores por reclamos salariales, para evitar “la privatización de la educación pública, el cierre del CONICET, el INTI, el INTA, la CNEA, el cierre de los innumerables centros de capacitación docente, el ajuste pedido por el FMI, contra el genocidio judío y por el estado palestino…”, en definitiva por cualquier razón que no sea “progresista”, reducirá sustancialmente los días de escolaridad.

El inevitable, quizá discutible, bajo nivel académico y profesional de muchos egresados seguirá sin solución de continuidad por la indiferencia de autoridades y el traslado de conocimientos a los cursos de perfeccionamiento de posgrado rentados.

Los ocultos contratos rentados de asesoramientos y servicios técnicos, la falta de rendición de cuentas y de la asignación discrecional de las recaudaciones gestionadas por las varias fundaciones universitarias, seguirá sin presentarse por “ser entidades del orden privado”, aunque estén dirigidas por universitarios en funciones.

La indiferencia ante la crisis de la educación nacional, la falta de propuestas educativas, de programas de alfabetización y de programas culturales, y la priorización de las tareas productivas y de servicios arancelados, semeja una actitud más mercantil que solidaria.

El alineamiento político con los “gobiernos progresistas y populares” se refleja con el otorgamiento de numerosos títulos honoríficos a políticos, presidentes, ex presidentes (R. R. Alfonsín, N. C. Kirchner, C. E. Fernández) “porque nunca la Universidad ha recibido tanto dinero”, y personalidades de la cultura “woke”, estatistas, y de partidarios de los nuevos derechos de las minorías, con escasos merecimientos académicos, culturales, sociales, si alguno, y que son utilizados para justificar actos partidarios. El apoyo al candidato presidencial D. Scioli en el año 2015, el adoctrinamiento en escuelas, colegios y facultades, la reinterpretación de la historia nacional, remedan un acercamiento al viejo “pensamiento único”.

¿Es todo esto cierto?

Toda esta arbitraria enumeración de cuestiones que suponemos, con cierto fundamento, que suceden en la Universidad Nacional de La Plata, son compartidas, consentidas, usufructuadas y realizadas por la mayoría de los integrantes de la universidad, tal como lo han hecho en todas las últimas elecciones – con voto cantado - desde hace décadas.

Esta hegemonía cultural, casi una monarquía universitaria con cortes académicas, estas actividades extracurriculares, este abandono de la calidad de los estudios de grado, esta ideología “setentista y progresista…”

¿Es propia de una Universidad en una democracia republicana?

Así lo piensa y actúa la comunidad universitaria en su interior encapsulado, con su silencio ¿cómplice, temeroso o simplemente indiferente?

Creemos que la mayoría de la sociedad, la del exterior a los claustros universitarios, la que vive y sufre la realidad contemporánea de una mala educación, no piensa igual. ¿Es esto cierto?

Pocas, muy pocas voces se escuchan en la Universidad, reclamando por una mejor educación común tal como lo fuera más de setenta años atrás y que hoy ya casi nadie lo recuerda.

Serán nuevas generaciones con nuevas ideas y comportamientos las que deberán hallar, quizá, otro rumbo, pero “Todo pasa” y la Universidad Nacional de La Plata encontrará su mejor destino.

“Muy pocas voces se escuchan en la Universidad, reclamando por una mejor educación común”

 

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