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Información General |Erosión, sudestadas más frecuentes y decisiones controversiales

La costa bonaerense en retroceso: menos playas, zonas en riesgo y un patrimonio natural amenazado

Especialistas advierten que la pérdida de arena y el avance del mar no responden únicamente al cambio climático y ponen sobre la mesa una serie de factores

La costa bonaerense en retroceso: menos playas, zonas en riesgo y un patrimonio natural amenazado

El avance del mar pone en jaque algunas zonas de la costa Atlántica / web

22 de Febrero de 2026 | 02:40
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En buena parte de la costa atlántica bonaerense, la pérdida de playa dejó de ser una advertencia científica para convertirse en una experiencia cotidiana. Donde antes había amplias franjas de arena hoy el mar avanza hasta el borde de los balnearios, las carpas quedan al límite del oleaje y el espacio público se reduce de manera visible.

En los últimos meses, sudestadas más frecuentes combinadas con pleamares altas agravaron una situación ya frágil. Uno de los episodios más significativos ocurrió el 3 de enero, cuando una fuerte sudestada dejó sin playa a varias localidades y redujo drásticamente los sectores públicos en zonas muy concurridas, como Playa Grande, en Mar del Plata.

“El nivel del mar sube, aumentaron las sudestadas y las playas están mal alimentadas”, resumió el geólogo Federico Iñaki Isla, doctor en Ciencias Naturales e investigador del CONICET, en declaraciones radiales. Para el especialista, el escenario actual expone una vulnerabilidad estructural del litoral bonaerense.

Isla explicó que el problema tiene dos caras bien definidas. Por un lado, el retroceso de la línea de costa, que afecta acantilados y dunas y compromete tanto el dominio público como propiedades privadas. Por otro, la pérdida de arena en las playas, con impacto directo sobre el turismo y el uso recreativo del litoral.

Los datos confirman la magnitud del fenómeno. Estudios regionales indican que toda la franja costera entre Mar del Plata y Pehuencó retrocede en promedio 0,5 metros por año. En la denominada barrera oriental —que incluye Villa Gesell, Pinamar y el Partido de la Costa— la situación es más crítica: en sectores céntricos se pierden entre 1 y 2 metros de playa por año, y en décadas anteriores hubo zonas donde el retroceso alcanzó hasta 5 metros anuales.

CAMBIO CLIMÁTICO Y LÍMITES DEL SISTEMA NATURAL

El avance del mar es un proceso natural que ocurre en todo el mundo y que se ve intensificado por el cambio climático. Proyecciones científicas estiman que hacia fines de siglo el nivel del mar podría subir unos 40 centímetros, e incluso alcanzar los 80 centímetros si no se reducen las emisiones.

Sin embargo, los especialistas coinciden en que este factor, por sí solo, no explica la magnitud del deterioro que se observa en la costa bonaerense. La clave está en cómo las intervenciones humanas alteraron un sistema que, en condiciones naturales, podía autorregularse.

La costa bonaerense funciona como un sistema dinámico de transporte de sedimentos. La arena no permanece fija, sino que se desplaza de manera constante a lo largo del litoral a través de la Corriente de Deriva Litoral, que transporta sedimentos de sur a norte, impulsada por el oleaje y los vientos dominantes.

Este mecanismo permite que las playas se regeneren: la arena que el mar retira durante una sudestada puede ser repuesta con material proveniente de sectores ubicados más al sur. El equilibrio del sistema depende de que ese flujo no se interrumpa.

El problema aparece cuando obras costeras construidas sin una planificación regional, como espigones, escolleras o rompeolas, interfieren en ese transporte. Estas estructuras funcionan como trampas de arena: favorecen la acumulación de sedimentos en un lugar puntual, pero reducen o anulan el aporte hacia las playas ubicadas más al norte.

El efecto es acumulativo. Mientras un balneario gana superficie, otro comienza a perderla. Con el tiempo, el sistema entra en un balance negativo de arena, en el que el volumen que el mar retira supera al que la deriva litoral puede reponer. En ese contexto, incluso los rellenos artificiales resultan insuficientes si no se corrigen previamente las interferencias.

ERRORES HISTÓRICOS QUE SE PAGAN

Uno de los ejemplos más claros de este proceso se remonta a hace más de cuatro décadas. Ante problemas de erosión, la Provincia construyó siete espigones en Santa Clara del Mar, pero ninguno en Camet Norte. El espigón terminal, largo y continuo, retuvo arena en Santa Clara y dejó sin provisión natural a las playas vecinas.

Hoy, Camet Norte enfrenta derrumbes de acantilados y pone en riego a viviendas, una situación que también se repite en Mar del Tuyú, Santa Teresita y Bahía de los Vientos, donde la erosión dejó de ser una amenaza futura para convertirse en un problema concreto.

A estos factores se suman otras intervenciones de origen humano que agravan la pérdida de arena.

Durante décadas se aplicaron prácticas hoy cuestionadas, como la extracción de arena de zonas altas y estables para depositarla en sectores intermareales. Esa decisión facilitó que el material fuera arrastrado por el mar durante cada sudestada, acelerando la erosión. Aunque muchos concesionarios aseguran que estas prácticas fueron abandonadas, especialistas advierten que en algunos puntos todavía persisten.

A este escenario se suma la contaminación del agua y la acumulación de residuos, que en varios sectores del litoral volvieron inutilizables playas enteras. En ese contexto, cuidar la arena sin garantizar condiciones ambientales adecuadas resulta insuficiente: la defensa de la costa requiere una mirada integral y sostenida en el tiempo, según especialistas.

ARENA DISPONIBLE HAY, PERO...

Paradójicamente, la arena existe. Hay reservas en Punta Médanos y Punta Rasa, en el Partido de la Costa; al norte del Faro Querandí, en Villa Gesell; y en Mar del Plata, en la base de la Escollera Sur, donde se acumulan grandes volúmenes de sedimento.

Sin embargo, los especialistas advierten que el aporte de arena no alcanza por sí solo. “Por más que se introduzcan toneladas, el mar se la va a llevar si hay bancos u obras que impidan su normal distribución”, explicó el geólogo Andrés Folguera, investigador del CONICET y la UBA, quien también cuestionó la falta de estudios integrales y la proliferación de obras costeras sin un plan ambiental coordinado.

En Camet Norte, la situación se complejiza aún más por la presencia de un yacimiento paleontológico único, con restos de animales de miles de años que conservan colágeno y permiten estudios genéticos de enorme valor científico. Ese hallazgo dio lugar a un recurso de amparo judicial que hoy frena obras de defensa costera, mientras la erosión continúa avanzando.

SOLUCIONES POSIBLES

Lejos de un escenario sin salida, los especialistas sostienen que existen alternativas técnicas viables, como la construcción de espigones más cortos y escalonados o rompeolas desvinculados, una opción más costosa pero eficaz para reducir la erosión sin afectar áreas sensibles. Este tipo de obras ya se aplicó en sectores del partido de General Pueyrredón y se está ejecutando en Las Toninas.

El diagnóstico es claro: la costa bonaerense pierde playas, pone en riesgo a viviendas y al patrimonio natural no solo por el cambio climático, sino también por errores históricos y falta de gestiones adecuadas.

 

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