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Donald Trump no quiere pedir perdón y crece el escándalo por el video de los Obama como monos

Donald Trump no quiere pedir perdón y crece el escándalo por el video de los Obama como monos
7 de Febrero de 2026 | 15:59

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Alcanzó apenas un segundo de video para desatar una de las polémicas más fuertes del nuevo mandato de Donald Trump. En un clip compartido desde su cuenta oficial en Truth Social, Barack y Michelle Obama aparecían representados como simios dentro de una pieza satírica que glorificaba al presidente republicano.

La reacción fue inmediata: dirigentes demócratas, organizaciones civiles y parte del propio Partido Republicano calificaron la imagen de abiertamente racista. La Casa Blanca primero habló de “falsa indignación”, pero horas después dio marcha atrás, eliminó el contenido y responsabilizó a un empleado.

Trump, sin embargo, trazó su propia línea roja: no pedir disculpas.

“Yo no cometí un error”

La frase cayó como combustible sobre el incendio. A bordo del Air Force One, el presidente fue consultado directamente sobre si se disculparía. Su respuesta fue seca: “Yo no cometí un error”.
En la misma conversación, intentó marcar una distancia parcial: dijo que condenaba las imágenes racistas, pero sostuvo que no era responsable de la publicación. Según su versión, no vio el video completo antes de que se difundiera.

“Solo vi la primera parte… y no lo vi entero”, explicó ante periodistas. Afirmó que se lo pasó a su equipo para subirlo y que ellos tampoco advirtieron el contenido completo.
Para sus críticos, la explicación no solo es insuficiente: la consideran un intento de despegarse de un mensaje que, sostienen, encaja con un patrón discursivo más amplio.

El giro de la Casa Blanca

Un funcionario del gobierno declaró que el posteo fue realizado “por error” por un miembro del personal y que fue eliminado apenas se detectó el contenido ofensivo. Pero la estrategia comunicacional fue errática.

En un primer momento, voceros presidenciales minimizaron la reacción pública y la calificaron de exagerada. Recién después del aluvión de críticas, la Casa Blanca adoptó un tono defensivo y habló de equivocación técnica.

Ese cambio de postura alimentó la sospecha de encubrimiento. “Nadie cree en este relato”, escribió la ex vicepresidenta Kamala Harris en la red X. “Primero defendieron la publicación y después retrocedieron”.

El episodio generó una rareza en la polarizada política estadounidense: condenas desde ambos lados del espectro.

La oficina del gobernador de California, Gavin Newsom, calificó el hecho como “repugnante” y exigió una reacción del Partido Republicano. Pero también surgieron voces críticas dentro del propio oficialismo.

El senador afroamericano Tim Scott, cercano a Trump, dijo que esperaba que la información fuera falsa porque sería “lo más racista” que vio salir de la Casa Blanca. Roger Wicker, otro senador republicano, fue tajante: lo calificó de “totalmente inaceptable” y pidió disculpas formales.

Ben Rhodes, ex asesor de seguridad nacional de Obama, enmarcó el hecho en términos históricos: sostuvo que el futuro recordará a los Obama con admiración y a Trump como un símbolo de degradación política.

Hasta ahora, Barack y Michelle Obama no hicieron declaraciones públicas sobre el episodio. El silencio fue interpretado por algunos analistas como una decisión estratégica: evitar amplificar el mensaje y no entrar en la dinámica de confrontación directa con Trump.

Pero la ausencia de respuesta no frenó la ola de reacciones. Organizaciones antirracistas y referentes culturales denunciaron que la caricaturización de líderes negros como simios tiene una carga histórica profundamente ofensiva en Estados Unidos.

Rivalidad vieja, escalada nueva

La tensión entre Trump y Obama no es nueva. Desde su irrupción política, el republicano mantuvo una relación marcada por ataques personales y disputas simbólicas con su antecesor, el primer presidente afroamericano del país.

Obama respaldó activamente a Kamala Harris en la última campaña electoral, lo que profundizó la rivalidad. Trump, por su parte, ha mostrado reiteradamente irritación por la popularidad del demócrata y por su Premio Nobel de la Paz.

El nuevo escándalo se inscribe en ese enfrentamiento prolongado, pero con un componente adicional: el uso sistemático de imágenes hiperrealistas y montajes generados con inteligencia artificial para provocar, burlarse o instalar narrativas extremas.

La era de los memes presidenciales

Trump convirtió sus redes en un escenario político paralelo. Comparte videos satíricos, montajes y memes creados por seguidores, muchos de ellos generados con IA. El año pasado difundió un clip falso que mostraba a Obama arrestado en el Despacho Oval y otro que caricaturizaba al líder demócrata Hakeem Jeffries.

Sus defensores lo presentan como humor político. Sus críticos hablan de normalización del discurso racista y degradación del debate público.
El video de los “Obama simios” reabre esa discusión en su forma más cruda: hasta dónde puede llegar la provocación presidencial y qué límites existen en la comunicación política digital.

Un escándalo que no se cierra

Aunque el video fue eliminado, su impacto sigue creciendo. La oposición exige explicaciones formales y sectores republicanos temen que el episodio erosione la imagen internacional de Estados Unidos.

Trump, por ahora, mantiene su postura inamovible: condena el contenido, pero no se disculpa. Y en ese gesto, para sus detractores, se concentra el núcleo del escándalo.

La crisis ya trascendió el meme. Se convirtió en un nuevo capítulo de la batalla cultural que define la política estadounidense, donde un segundo de imagen puede abrir una grieta que dura mucho más que un ciclo de noticias.

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