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Una noche en el Duhau

Tom Ford eligió Buenos Aires -y uno de sus salones más emblemáticos- para un lanzamiento que no quiso parecerse a ningún otro. El resultado fue una velada con artistas cuyos atuendos centraron todas las miradas

5 de Abril de 2026 | 04:42
Edición impresa

El Palacio Duhau tiene esa capacidad rara de hacer que cualquier noche parezca ocurrir fuera del tiempo. Las alturas de Recoleta, los jardines, esa arquitectura que mezcla el hotel de gran clase con algo vagamente palaciego: todo conspira para que quien entra sienta que el afuera -el ruido, la agenda, la semana- queda suspendido. Quizás por eso Tom Ford lo eligió para un evento que no buscaba ser masivo sino exactamente lo contrario: íntimo, calibrado, pensado para que cada detalle hablara sin necesidad de explicarse.

La convocatoria fue acotada y, en esa acotación, había una declaración de intenciones. Leonardo Sbaraglia llegó con su hija Julia; también estuvieron Guillermina Valdés, Brenda Asnicar, Joaquín Levinton, Joaquín “El Pollo” Álvarez, Lizardo Ponce, Lara Bernasconi, Camila Orsi y Florencia Sosa. Gente de mundos distintos -el cine, la música, las redes, la cultura pop local- que comparte cierta sintonía estética, cierta comodidad dentro del universo del lujo sin que eso los defina del todo. No fue una alfombra roja ni una fiesta de lanzamiento al uso: fue una reunión donde la escala pequeña era parte del mensaje, donde el valor parecía estar en la experiencia compartida más que en la exhibición.

La noche arrancó con un cóctel que funcionó como umbral: un primer gesto para marcar que lo que vendría después no sería una cena convencional. Las conversaciones circulaban con naturalidad, mientras la iluminación tenue y el ritmo pausado del servicio construían una atmósfera envolvente. Más tarde, la experiencia gastronómica tomó el centro de la escena. No se trató de un menú pensado sólo para alimentar, sino para sugerir sensaciones, evocar texturas y anticipar lo que después se traduciría en aroma. Cada plato parecía dialogar con el siguiente y con el ambiente mismo, como si la cocina fuera una extensión del concepto creativo que guiaba la noche.

Es en ese punto donde la experiencia deja de ser simplemente social y se vuelve narrativa. Uno empieza a notar que los detalles responden a una lógica que excede lo puramente culinario. Es el tipo de evento donde uno entiende, recién al final, que todo estuvo diseñado para producir una sensación específica. Que nada fue casual, aunque nada pareciera forzado.

Lo que se presentó fue Figue Érotique, la nueva fragancia de la línea Private Blend de Tom Ford. Pero eso, en cierta forma, operaba casi como pretexto -o como punto de llegada de algo más amplio. La fragancia propone un recorrido que toma al higo como protagonista y lo despliega en distintas facetas: primero lo verde, lo vibrante, lo que despierta; después lo cálido, lo resinoso, lo que permanece. Esa dualidad -entre lo fresco y lo profundo, entre lo que se muestra y lo que se insinúa- parecía trasladarse también al clima de la noche, donde la sofisticación no era ruidosa sino sugerida.

En ese sentido, la velada funcionó como un ensayo sobre el lujo contemporáneo. Ya no se trata sólo de mostrar objetos o nombres, sino de construir experiencias que se recuerden por lo que hicieron sentir. Un perfume, en ese esquema, deja de ser únicamente un producto para convertirse en una idea: una atmósfera que se puede habitar durante unas horas y que después persiste en la memoria de otra manera.

Buenos Aires, en ese mapa global del lujo de autor, ocupa un lugar cada vez menos periférico. Y noches como esta son, en parte, la evidencia. No tanto por la presencia de figuras conocidas ni por el brillo evidente, sino por la capacidad de generar escenas donde el diseño, la gastronomía y la cultura se cruzan sin estridencias.

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Multimedia

Eugenia De Martino se apoyó en una de las columnas del edificio, en un juego de luces y sombras / web

leonardo Sbaraglia, retratado en los balcones del Palacio Duhau / web

Lizardo Ponce eligió un traje oscuro de líneas clásicas y se sumó al clima elegante / el dia

Candela Gallo posó con un estilismo negro minimalista /web

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