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Temas |Una nueva etapa de monitoreo ambiental en la región

El último continente ya no está intacto: detectan microplásticos en la Antártida por primera vez

Un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Cádiz documentó la presencia de microplásticos en todas las playas analizadas de la isla Decepción, uno de los rincones más remotos del planeta. El hallazgo rompe con la imagen del continente blanco como territorio prístino

El último continente ya no está intacto: detectan microplásticos en la Antártida por primera vez

isla decepción - web

5 de Abril de 2026 | 04:40
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La Antártida siempre fue sinónimo de pureza. Un continente de hielo eterno, de silencio geológico, de vida salvaje al margen de la mano humana. Pero esa imagen, sostenida durante décadas como un axioma ambiental, acaba de resquebrajarse. Por primera vez en la historia, un equipo de investigadoras de la Universidad de Cádiz documentó la presencia de microplásticos en los sedimentos de la isla Decepción, un volcán en forma de herradura ubicado a unos 100 kilómetros de la Península Antártica. El hallazgo, publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, no solo confirma que la contaminación plástica ya llegó al confín del mundo: establece que ningún ecosistema del planeta escapa a ella.

Una isla volcánica en el centro del debate ambiental

La isla Decepción no es un lugar cualquiera. Pertenece al archipiélago de las Shetland del Sur y es, en sí misma, un fenómeno geológico: un volcán en escudo de aproximadamente 750.000 años de antigüedad, con una caldera de unos 14 kilómetros de diámetro parcialmente invadida por el mar. Su historia eruptiva registra eventos significativos en 1967, 1969 y 1970, que destruyeron bases antárticas británicas y chilenas y obligaron a evacuar la base argentina. En la actualidad, la isla alberga dos estaciones temporales —la Base Argentina Decepción, activa desde 1948, y la Base Española Gabriel de Castilla, desde 1989— y recibe más de 15.000 visitantes por año, atraídos por sus colonias de pingüinos barbijo y la curiosidad de sus baños termales en pleno territorio antártico.

Es precisamente esa combinación de actividad científica, turística y logística lo que, según el estudio, convierte a la isla en un punto de entrada para contaminantes. A ello se suma el transporte marítimo procedente de latitudes más bajas, que puede arrastrar partículas plásticas a través de corrientes oceánicas hasta llegar a estas costas australes. La zona es, además, una de las áreas antárticas especialmente protegidas por su valor histórico, biológico y ecológico, lo que hace aún más alarmante la magnitud del descubrimiento.

Lo que encontraron las investigadoras

El equipo analizó diez playas distribuidas a lo largo de toda la costa de la isla. En todas ellas encontraron microplásticos. En seis de esas playas, las concentraciones oscilaron entre 2 y 31 partículas por kilogramo de arena. Se trata de valores que, aunque pueden parecer bajos en términos absolutos, adquieren una dimensión diferente cuando se considera el contexto: estamos hablando de uno de los lugares más aislados de la Tierra, sin industrias locales, sin grandes centros urbanos en miles de kilómetros a la redonda.

La Base Española Gabriel de Castilla, activa desde 1989, y recibe más de 15.000 visitantes por año

Los microplásticos son partículas de menos de cinco milímetros —del tamaño aproximado de un grano de azúcar— casi invisibles a simple vista, pero presentes en una proporción creciente en ecosistemas terrestres y acuáticos de todo el planeta. Las muestras recogidas en la isla Decepción corresponden, en su mayoría, a fragmentos resultantes de la degradación de plásticos de mayor tamaño. No se hallaron pellets industriales en ninguna de las muestras, lo que sugiere que los residuos detectados son producto de un proceso prolongado de descomposición, posiblemente iniciado a grandes distancias y completado durante el transporte hasta la Antártida.

En cuanto a la composición química, los materiales más frecuentes fueron el polietileno —el plástico de las bolsas de supermercado, los envases, las botellas y el film transparente— y el policloruro de vinilo, presente en tuberías, cables eléctricos, mangueras y materiales de construcción. Dos de los plásticos más producidos y desechados en el mundo, ahora también presentes en el extremo sur del planeta.

“Es muy complicado establecer el origen exacto”

María Bellada Alcauza Montero, una de las investigadoras responsables del estudio, explicó que determinar con precisión de dónde provienen estas partículas es una tarea científicamente compleja. “Es muy complicado establecer el origen exacto de los microplásticos, pero estos datos nos indican que llevan tiempo en el medio y han sufrido procesos prolongados de degradación, ya sea tras ser transportadas desde latitudes más bajas o como consecuencia de la fragmentación de materiales plásticos presentes en la propia zona”, señaló.

La contaminación no respeta latitudes ni fronteras. Llega donde el viento y la marea la llevan

Lo que sí queda claro, según el equipo de Cádiz, es que el trabajo representa la primera evidencia científica de microplásticos en sedimentos intermareales antárticos de esta isla. Más allá del impacto simbólico del descubrimiento, su importancia también radica en lo que habilita hacia adelante: por primera vez existe una línea de base cuantitativa a partir de la cual será posible medir la evolución de la contaminación plástica en la región. La siguiente etapa del proyecto consiste en comparar estas mediciones con nuevas muestras recolectadas en 2024, para establecer una dinámica de análisis periódico que permita evaluar si la situación empeora, se estabiliza o —en el escenario más optimista— mejora.

Un mapa cada vez más visible

La gravedad del problema no se limita a la Antártida. En España, la plataforma digital Micro —una iniciativa surgida en 2023 impulsada por la Asociación Hombre y Territorio en colaboración con el Proyecto LIBERA de SEO/BirdLife y Ecoembes— se dedica a mapear estudios sobre microplásticos en todo el país, con el objetivo declarado de “hacer visible lo invisible”. Su diagnóstico es contundente: la totalidad de los entornos acuáticos analizados en España está contaminada por microplásticos. “La situación es dramática, sobre todo en los mares y océanos, destino final de muchos de ellos”, afirmaron desde la plataforma.

El continente blanco, que alguna vez pareció inmune a la degradación que el ser humano fue sembrando en el resto del planeta, ya no puede sostenerse como excepción. La contaminación no respeta latitudes ni fronteras. Llega donde el viento la lleva, donde las corrientes la empujan, donde los barcos pasan. Y, como demuestra este estudio, llega incluso hasta los confines del hielo eterno.

 

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La base “Argentina Decepción” en la Antártida / web

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