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Industria en declive: ¿coyuntural o estructural?

Industria en declive: ¿coyuntural o estructural?

La refinación de petróleo, una de las pocas industrias que crece / web

30 de Noviembre de 2025 | 06:10
Edición impresa

Instituto de Economía Aplicada

Universidad del Este (UDE)

El último dato de actividad económica permite reabrir el debate sobre el estado de la industria argentina: ¿estamos ante una crisis esencialmente coyuntural, propia del presente económico, o simplemente se aceleró un deterioro que ya existía? En esta nota vamos a intentar echar luz sobre esta pregunta mediante los datos de corto y mediano plazo.

Los últimos indicadores muestran un contraste muy marcado entre la actividad económica general y el desempeño industrial. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica de septiembre 2025, la economía total se expandió 5,0% frente a 2024. Incluso si comparamos contra el último año de crecimiento previo al Gobierno actual, el año 2022, el EMAE muestra un crecimiento del 1,9%. Sin embargo, el componente industrial exhibe la dinámica inversa: -1,0% interanual respecto de 2024 y -9,9% frente a 2022. La medición complementaria del IPIM muestra una variación prácticamente igual: -0,7% contra 2024 y -9,8% contra 2022. Esta diferencia entre el agregado macro y la manufactura sugiere que la recuperación económica post recesión está siendo traccionada por sectores no industriales —como energía, agro o servicios— mientras que la industria permanece rezagada y aún sin recomponer niveles previos.

Si observamos las ramas específicas que más retrocedieron respecto a 2022, queda claro que no se trata de un fenómeno marginal: los productos textiles caen -33,9%; los minerales no metálicos -arcilla, cal, yeso- -25,7%; los productos de metal -25,8%; la maquinaria y equipo -20,9% (con fuerte impacto en electrodomésticos y bienes de uso doméstico); caucho y plástico -20,6%. Incluso el complejo automotriz, que suele estar amortiguado por su integración con Brasil vía Mercosur, muestra un retroceso del -9,1%. En términos positivos, las únicas industrias que crecen frente a 2022 son la refinación de petróleo y motocicletas, lo cual sugiere que los segmentos atados a energía y movilidad simple pudieron sostener o incluso mejorar su dinámica productiva.

Aquí la conclusión más obvia resulta que el modelo de apertura comercial, tasas reales altas, tipo de cambio apreciado y menores niveles de ingreso real es la causa única de estos resultados. Sin embargo, cabe preguntarse si se trata de un cambio de tendencia, o la profundización de un proceso subyacente.

La variación del Valor Agregado Bruto por rama industrial entre 2012 y 2022 muestra que varios de los sectores mencionados previamente ya venían de un descenso prologando, al menos desde el 2012. Algunos ejemplos notables son: caucho y plástico -7,9%; metales comunes -14,9%; vehículos automotores, remolques y semirremolques -16,9%; maquinaria y aparatos eléctricos -24,0%; fabricación de productos textiles -31,5%; y confección de prendas de vestir -36,4%. Es decir: no estamos frente a un fenómeno de colapso repentino en 2024–2025, sino ante la profundización de un largo ciclo de pérdida de densidad industrial que lleva más de una década.

Lo cierto es que la coyuntura reciente agravó la situación del sector, pero sobre una base ya debilitada. La política del 2024 y 2025 implicó apertura de las importaciones (sin reducción de impuestos), suba de tasas reales, caída del consumo durables, contracción del crédito, y un tipo de cambio que perdió competitividad relativa. Todo esto afectó especialmente a bienes industriales, cuyos ciclos de inversión y venta son más sensibles a la incertidumbre y al costo financiero.

El dato que emerge de esta lectura más amplia es que la industria argentina enfrenta una doble condición adversa: tendencias estructurales de pérdida de escala y productividad acumuladas durante más de una década, y un shock coyuntural reciente que comprimió ventas, financiamiento y expectativas. La evidencia sugiere que el proceso industrial argentino ya venía retrocediendo por múltiples factores: cambios en cadenas globales de valor que ubicaron a Asia y México en roles manufactureros preferentes; falta de escala y modernización tecnológica en plantas locales; y una macroeconomía crónicamente inestable que desincentiva inversiones de largo plazo. La discusión hacia adelante debería ser qué estrategia nacional puede reconstruir complejos productivos competitivos en un mundo donde será más difícil que nunca industrializarse sin escala, innovación y estabilidad.

Las únicas industrias que crecen frente a 2022 son petróleo y motocicletas

 

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