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El Mundo |El rescate de Fernando Simón y Luis Har

Cómo fue la operación secreta que liberó a dos argentinos de las garras de Hamás

Inteligencia, tanques blindando el avance, comandos irrumpiendo en segundos y helicópteros esperando en la oscuridad

Cómo fue la operación secreta que liberó a dos argentinos de las garras de Hamás

Los argentinos-israelíes Fernando Simón Marman y Norberto Luis Har tras el rescate / WEB

15 de Febrero de 2026 | 02:23
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Hace dos años, en la oscuridad cerrada de la madrugada del 11 de febrero de 2024, una operación militar secreta irrumpió en el sur de Gaza y quebró uno de los cautiverios más vigilados de Hamás: en cuestión de minutos, comandos israelíes lograron arrancar de territorio enemigo a los argentinos Fernando Simon y Luis Har, secuestrados desde el terrible ataque del 7 de octubre. Fue el desenlace de una maniobra milimétrica, diseñada como una cirugía de guerra, que combinó inteligencia extrema, blindados avanzando bajo fuego y helicópteros esperando en silencio para huir antes de que el enemigo reaccionara.

La liberación no fue un golpe improvisado. Fue el resultado de una maniobra silenciosa que comenzó varios días antes, cuando fuerzas israelíes desplegaron combates en el sur de Khan Younis para debilitar posiciones de Hamás y abrir un corredor seguro.

El nombre interno de la misión —“Golden Touch”— ya anticipaba su carácter excepcional: entrar en un territorio saturado de combatientes, rescatar a dos rehenes específicos y salir sin quedar atrapados. Sin margen de error.

Hamás había dispersado a los secuestrados por toda Gaza para impedir rescates masivos. Fernando y Luis estaban retenidos en una zona con fuerte presencia de infraestructura utilizada por la organización, incluso en entornos civiles.

El objetivo era brutalmente claro: entrar, extraer y desaparecer antes de que el enemigo pudiera reorganizarse.

El comandante argentino que blindó el rescate

Al frente de una de las piezas clave del operativo estuvo el mayor S., de 29 años, con raíces argentinas y al mando de una compañía de tanques del Batallón 82. Su misión no era irrumpir en el lugar del cautiverio, sino algo igual de decisivo: convertir el campo de batalla en un escudo protector.

Su unidad limpió amenazas, neutralizó focos de resistencia y sostuvo el perímetro para que los comandos de élite avanzaran. Era el anillo de protección que mantenía a raya a los combatientes mientras la extracción se ejecutaba en el corazón del enclave.

La información estaba tan compartimentada que ni siquiera toda la cadena de mando conocía la ubicación exacta de los rehenes. Solo quienes iban a ejecutar la fase final tenían el mapa completo. La lógica era evitar filtraciones en un entorno donde cada dato podía costar vidas.

La resistencia fue feroz. Según relató el oficial, las tropas enfrentaron combates intensos en un terreno hostil y con presencia armada constante. El costo humano fue alto, pero el objetivo —salvar a los cautivos— se mantuvo innegociable.

El instante crítico: irrupción, confusión y escape

La fase final duró minutos, pero concentró semanas de planificación. En la madrugada, los rehenes escucharon ruidos y temieron que se tratara de sus captores. Eran, en cambio, los efectivos que habían atravesado líneas enemigas para sacarlos de Gaza.

Tras la irrupción, Fernando y Luis fueron trasladados en vehículos blindados a través de un corredor previamente asegurado. Cada tramo del trayecto estaba calculado: posiciones cubiertas, rutas despejadas y puntos de evacuación listos.

En un sitio seguro, helicópteros esperaban con motores en marcha. El tiempo en tierra era mínimo. El mayor S. los vio subir a los blindados, los abrazó brevemente y los despidió antes del despegue. Minutos después, los rehenes volaban rumbo a Israel. No hubo celebraciones. Solo continuidad operativa.

Una guerra que no da tregua

El 7 de octubre sorprendió al mayor en su casa, de vacaciones con su esposa. No estaba obligado a presentarse, pero decidió ir al frente. Semanas después fue herido en una emboscada y evacuado en helicóptero. Desde la cama del hospital tomó otra decisión: volver. Cinco días después del alta regresó al combate.

Desde el inicio del conflicto participó en varias misiones de rescate. A sus 29 años admite que presenció escenas que nadie de su edad debería ver, aunque destaca el sistema de apoyo psicológico del ejército como sostén para continuar.

Tras la liberación de los argentinos, su unidad no se detuvo. La orden fue inmediata: seguir buscando a los rehenes que aún permanecen cautivos.

La operación que salvó a Fernando Simon y Luis Har fue un golpe quirúrgico en medio de una guerra caótica. Pero para quienes estuvieron allí no fue un final, sino apenas un capítulo de una misión que, aseguran, todavía sigue abierta.

 

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