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El tsunami Andrés: la realeza británica tambalea tras el escándalo Epstein

El tsunami Andrés: la realeza británica tambalea tras el escándalo Epstein
20 de Febrero de 2026 | 19:17

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Lo que debía ser un discreto 66º cumpleaños terminó en una escena digna de serie británica: patrulleros, flashes y un expríncipe caído saliendo de una comisaría con el rostro demacrado y la mirada perdida.

Andrés —hoy simplemente Andrew Mountbatten-Windsor tras haber sido despojado de sus títulos— fue arrestado el jueves y liberado once horas después bajo investigación. Pero el verdadero impacto llegó al día siguiente, cuando la policía volvió a registrar Royal Lodge, su antiguo domicilio en Windsor. Las imágenes de los agentes entrando y saliendo del exclusivo predio se multiplicaron en todos los canales. El mensaje era claro: el caso está lejos de cerrarse.

Los documentos que encendieron la mecha

El nuevo terremoto royal no está vinculado directamente con las ya conocidas acusaciones de agresión sexual que Andrés resolvió en 2022 con un millonario acuerdo extrajudicial —que, según medios británicos, rondó las 12 millones de libras esterlinas— sino con algo potencialmente aún más explosivo para la institución.

Entre los millones de documentos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre la trama de Jeffrey Epstein, aparecen correos electrónicos que indicarían que el entonces príncipe compartió información confidencial con el financista.

Un mail fechado el 24 de diciembre de 2010 menciona el envío de “un informe confidencial” sobre oportunidades de inversión en Afganistán. Otros documentos sugieren reportes sobre viajes oficiales a China, Singapur y Vietnam, cuando Andrés ejercía como representante especial del Reino Unido para el Comercio Internacional (2001-2011).

La sospecha: posible conducta indebida en el ejercicio de un cargo público. Un delito que, según la Fiscalía de la Corona, podría acarrear incluso cadena perpetua.

Carlos III toma más distancia

Mientras la tormenta mediática se desataba, el rey Carlos III mantuvo la compostura. No canceló su agenda y asistió a la inauguración de la Semana de la Moda de Londres. En un breve comunicado, marcó más distancia con su hermano: “La justicia debe seguir su curso”.

Puertas adentro del Palacio, sin embargo, la preocupación es evidente. El caso reabre heridas que la monarquía intentaba cicatrizar desde el primer escándalo Epstein.

“Una amenaza para la monarquía”

Historiadores y expertos en la familia real no minimizan la gravedad del momento.

Ed Owens, comentarista especializado en la realeza británica, lo definió como “un momento enormemente significativo”. Para él, los elementos desconocidos del caso son los que más inquietan: “Podrían representar una amenaza para la monarquía”.

Anna Whitelock, profesora de la Universidad de Londres, fue aún más contundente: “El típico ‘mantener la calma y seguir adelante’ va a ser muy difícil en estas circunstancias”.

Al menos nueve fuerzas policiales del Reino Unido analizan denuncias derivadas de los archivos Epstein, muchas relacionadas con Andrés.

La prensa no perdona

Los tabloides británicos fueron implacables. “Caída”, tituló el Daily Mail en portada. The Sun detalló el procedimiento policial: toma de saliva para ADN, huellas dactilares y fotografía de rigor, como a cualquier detenido.

La imagen del príncipe saliendo de la comisaría se convirtió en símbolo de una caída estrepitosa: del uniforme militar y las condecoraciones al asiento trasero de un auto policial.

El debate republicano vuelve a escena

El escándalo también tuvo eco en Australia, donde Carlos III es jefe de Estado. Aunque el primer ministro Anthony Albanese, de postura prorrepublicana, descartó por ahora un referéndum, el caso volvió a alimentar el debate sobre el futuro de la monarquía y también de la Commonwealth.

En el Reino Unido, la opinión pública parece haber tomado posición: según una encuesta de YouGov, el 82% de los británicos considera que Andrés debería ser retirado de la línea de sucesión al trono, donde aún figura como octavo.

El efecto dominó

Más allá de si habrá o no una acusación formal, el daño simbólico ya está hecho. La monarquía británica, experta en sobrevivir a escándalos, enfrenta ahora uno que combina secretos de Estado, vínculos oscuros y un apellido que pesa siglos.

El tsunami Andrés no solo arrastra a un príncipe: sacude a toda la institución. Y esta vez, el “keep calm” podría no ser suficiente.

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