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Platenses trabajan para lograr la canonización de la beata Sor Ludovica

Quienes la conocieron en vida, lideran una campaña en todo el país para que el Vaticano avance en la máxima consagración a Dios

Platenses trabajan para lograr la canonización de la beata Sor Ludovica

el grupo de devotos de la ciudad dijeron presente en la corre caminata del hospital de niños / el dia

20 de Abril de 2026 | 02:38
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Santiago Dalto tiene 79 años y guarda en la memoria un hospital. No como un lugar de paso, sino como su hogar. Criado entre las paredes del Hospital de Niños de La Plata desde los nueve meses hasta los quince años, tras ser abandonado por su madre, fue la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, junto a médicos y enfermeras, quienes lo acompañaron en su infancia. Y entre todas las figuras que marcaron esos años, hay una que no olvida: Sor María Ludovica De Angelis.

“La conocí mucho. Cuando ella murió yo tenía 16 años”, recordó Dalto en diálogo con EL DIA. Nacido en junio de 1946, la religiosa falleció el 25 de febrero de 1962. Hoy, más de seis décadas después de esa pérdida, Dalto encabeza junto a un grupo reducido de personas una campaña para lograr la canonización de quien consideran una santa.

Para ello, llevan adelante una ardua tarea de difusión de la obra de Sor Ludovica que integra visitas en escuelas, actividades en la Ciudad y presencia en redes sociales.

El camino hacia la santificación

El proceso de canonización dentro de la Iglesia Católica tiene tres etapas: venerable, beata y santa. Sor María Ludovica fue beatificada el 3 de octubre de 2004 por el papa Juan Pablo II, quien fallecería apenas seis meses después. Dalto estuvo presente en ese momento histórico: fue designado por la Congregación para llevar los restos de la beata ante el Papa.

Pero, para alcanzar la canonización, el proceso exige la verificación de un milagro atribuido a la intercesión de la beata. El trámite está en manos del Dicasterio para las Causas de los Santos, el organismo vaticano que evalúa la documentación reunida por un postulador designado a tal efecto. La documentación ya fue presentada, y desde el Vaticano insisten en que se difunda ampliamente la vida y obra de la beata como condición fundamental para avanzar.

Lo cierto es que el grupo que impulsa la causa está integrado por unas siete personas, aunque aspiran a ampliarlo. Entre quienes la conocieron en vida, solo quedan Dalto y Emma Palacios, autora de un libro sobre la beata. También participan Carlos Bonicatto, jefe de gabinete de la Municipalidad; las religiosas del hospital; y Gustavo Sastre, director del Hospital de Niños, entre otros.

Ludovica promovió un abordaje del paciente: educación, contención y acompañamiento

La estrategia del grupo combina el trabajo institucional con una campaña de difusión popular: estampas, folletos, testimonios, videos y presencia en redes sociales. También planean visitar escuelas para dar a conocer la figura de la beata y realizarán una encuesta en la ciudad para medir cuánta gente la conoce. En octubre está prevista una semana dedicada íntegramente a Ludovica.

Pero quizás el recurso más importante que buscan sea el menos tangible: testimonios de personas que hayan experimentado alguna gracia atribuida a su intercesión. “Estamos buscando gente que la haya conocido o que pueda dar testimonio de alguna cosa que haya hecho Ludovica”, contó Dalto. Son esos relatos los que, eventualmente, podrían sostener ante el Vaticano la verificación de un milagro.

La obra de ludovica

Antonina De Angelis nació el 24 de octubre de 1880 en San Gregorio, en la región italiana de Abruzzo. En 1904 ingresó a la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, donde adoptó el nombre de Sor María Ludovica, y profesó sus votos en 1906. Llegó a la Argentina en 1907 y al año siguiente fue destinada al Hospital de Niños de La Plata, por entonces un establecimiento con apenas tres salas.

En 1909 fue nombrada administradora del hospital, cargo que ejerció durante más de cincuenta años. Su gestión fue transformadora. Cuando ella llegó había tres salas; cuando murió, el hospital contaba con 23. También impulsó la creación de una granja en City Bell para abastecer al establecimiento, un Solario en Mar del Plata inaugurado en 1943 para la recuperación de niños con enfermedades crónicas, y la construcción de la iglesia del Sagrado Corazón. “Una obra abismal”, resumió Dalto.

Su labor no se limitó a la infraestructura. Sor María Ludovica promovió un abordaje integral del paciente que incluía educación, contención emocional y acompañamiento social, especialmente para los niños en situación de vulnerabilidad y sus familias. La comunión con el personal médico y de enfermería fue uno de los sellos de su administración.

 

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