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Comer en verano: cuidarnos en los días de calor sin dejar de disfrutar

Alimentación fresca, hidratación inteligente y hábitos conscientes para atravesar el verano con bienestar, según especialistas y referentes de la cocina saludable

Comer en verano: cuidarnos en los días de calor sin dejar de disfrutar

Frutas con alto contenido acuoso, licuados, y vegetales fríos para enfrentar las altas temperaturas / Freepik

30 de Noviembre de 2025 | 06:32
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Con la llegada del verano cambian las rutinas, cambian los ritmos y también cambian nuestras necesidades. Más horas al aire libre, vacaciones, eventos sociales y un apetito que, con el calor, se vuelve más irregular y menos previsible. ¿Cómo alimentarnos de manera equilibrada sin resignar disfrute? ¿Qué necesitan los más chicos, los adultos y los mayores cuando sube la temperatura? Tres voces coinciden en una idea clave: el verano puede ser una gran oportunidad para comer mejor y sentirnos mejor, sin caer en restricciones.

La nutricionista platense María Agustina Alda (MP 4453) explica que en verano el cuerpo atraviesa cambios fisiológicos concretos: el aumento de temperatura genera mayor pérdida de líquidos, lo que puede producir cansancio, dolor de cabeza y malestar sin que lo asociemos directamente a la deshidratación. A la vez, el calor suele disminuir el apetito y nos invita naturalmente a comidas más livianas.

 

Se recomienda comer fresco, reducir ultraprocesados y estar en movimiento

 

Para Alda, la clave está en escuchar al cuerpo y ajustar el modo de comer, más que forzar rutinas: “No hace falta comer pesado cuando no tenemos hambre. En verano funcionan mejor las porciones moderadas, las preparaciones frescas y las comidas más frecuentes durante el día”.

Entre sus recomendaciones principales se encuentran: priorizar el agua, infusiones frías, licuados y frutas con alto contenido acuoso; elegir vegetales frescos, comidas livianas y cocciones suaves; pptar por snacks saludables como frutos secos, dips con vegetales o yogur con frutas; y permitir el disfrute sin culpa y compensar con equilibrio, no con restricciones.

EL VERANO COMO OPORTUNIDAD

La comunicadora británica Davinia Taylor, autora del libro: “It’s Not a Summer Diet: Feel amazing all year round”, propone aprovechar el verano como punto de partida para hábitos que duren todo el año. Su visión coincide con lo que observa Alda en la consulta: el clima facilita cambios que en invierno cuestan más.

Taylor plantea que la clave no es “comer menos”, sino comer más fresco, reducir ultraprocesados, estabilizar energía con combinaciones simples y sumar movimiento suave diario. Algunas de sus ideas centrales: iniciar hábitos cuando el clima motiva, basar la alimentación en productos frescos de estación y elegir pequeñas combinaciones que eviten picos de azúcar y antojos.

Para el ector argentino, su enfoque se traduce fácilmente en la estacionalidad local: sandía, melón, duraznos, tomates, pepinos, cítricos, ensaladas potentes, pescados, pastas frías y platos frescos que acompañan la vida social del verano.

CHICOS Y ADOLESCENTES

La cocinera y autora Narda Lepes, en su libro “Ñam Ñam”, sostiene que el verano es una época ideal para enseñar a los chicos a comer mejor: frutas frescas siempre al alcance, helados caseros con frutas, vegetales crujientes y la importancia de la hidratación sin exceso de azúcar.

Lepes refuerza que los más chicos “comen mejor cuando participan”: elegir frutas para la ensalada, armar su propio bowl, ayudar a preparar limonadas o tener termo de agua siempre a mano.

Para los adolescentes, donde suele aumentar el consumo de bebidas azucaradas, la recomendación es alternar con agua y sumar opciones caseras y frescas.

ADULTOS Y MAYORES

Mientras que los adultos jóvenes suelen adaptarse bien al calor, en personas mayores la sensación de sed disminuye y el riesgo de deshidratación es más alto. La nutricionista Alda subraya la necesidad de una hidratación más programada: agua visible durante el día, infusiones frías, frutas trozadas y comidas suaves.

Además, recomienda evitar comidas muy saladas, ya que aumentan la retención de líquidos y la sed.

Las tres voces coinciden en que no se trata solo de lo que comemos. El movimiento diario -caminar, nadar, andar en bici- y un buen descanso nocturno se vuelven fundamentales para regular el apetito y mantener la energía.

Para Taylor, el verano funciona como un “entrenamiento emocional”: un período donde registramos qué nos hace bien. Para Alda, es una estación ideal para volver a lo simple. Para Lepes, es un momento perfecto para educar desde el plato.

El objetivo es el mismo: cuidarnos sin dejar de disfrutar.

Alimentación, según edad

NIÑOS Y NIÑAS

Ofrecer agua siempre visible y accesible; evitar gaseosas en la rutina diaria.

Incorporar frutas frescas como snack: sandía, melón, durazno, frutillas.

Proponer helados caseros con frutas trituradas y yogurt.

Preparaciones simples y coloridas: ensaladas de fruta, wraps fríos, vegetales crujientes con dips.

Involucrarlos en la elección y preparación de alimentos para mejorar la aceptación.

ADOLESCENTES

Alternar bebidas azucaradas (si es que ellos las eligen) con agua o infusiones frías para evitar exceso de calorías y deshidratación.

Incentivar opciones frescas y rápidas: bowls con proteínas, frutas, granola; smoothies; sandwiches livianos.

Sumar proteína y fibra para controlar antojos: yogur con semillas, frutos secos, hummus con vegetales.

Favorecer horarios regulares y comidas completas, incluso en días de mucho calor.

ADULTOS

Priorizar hidratación constante: agua, limonadas caseras, té frío.

Elegir alimentos de fácil digestión: ensaladas completas, vegetales grillados, pescados, legumbres.

Reducir comidas muy saladas o muy grasosas que deshidratan.

Incorporar movimiento suave diario: caminatas, natación, bicicleta.

Escuchar las señales del cuerpo: comidas más chicas y más frecuentes en días de calor extremo.

ADULTOS MAYORES

Programar la hidratación: vasos de agua distribuidos a lo largo del día, aunque no tengan sed.

Elegir preparaciones tibias o frías: purés, tortillas, sopas frías, frutas blandas.

Aumentar el consumo de frutas ricas en agua: naranja, durazno, melón.

Evitar comidas con exceso de sal.

Estar atentos a signos de deshidratación: cansancio, piel seca, mareos o disminución del apetito.

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