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La Ciudad |IMPRESIONES

Ocurrencias: ¿Alguien pondrá sus manos en el fuego?

Ocurrencias: ¿Alguien pondrá sus manos en el fuego?

Alejandro Castañeda
Alejandro Castañeda

31 de Agosto de 2025 | 03:24
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No está la cosa para andar poniendo las manos en el fuego por nadie. El escándalo y las sospechas han venido avanzando para no desentonar con el pronóstico de esta Santa Rosa puntual. Las estafas suelen ser contagiosas. Hay rachas, como en el fútbol y el casino. La aparición de la droguería Suizo Argentina, entre dólares y sospechas, les debe haber aportado consolador alivio a los fabricantes del mortal fentanilo, descubiertos gracias a ese médico del Hospital Italiano que anduvo curioseando autopsias hasta poder dar con un verdugo común. Hoy, los millonarios de ese laboratorio fatal están en el banquillo. Y hasta piden seguir en la cárcel porque le tienen miedo a un afuera que los espera con otras ampollas peligrosas.

Ellos venían acaparando toda la atención, pero una semana después tuvieron que dejarle el centro de escena al unipersonal de Spagnuolo, una revelación que le sumó suspenso y coimas a una actualidad acostumbrada. La Casa Rosada se anotició allí que al final los ensobrados, tan demonizados, estaban más cerca que nunca. Ese fue el anuncio de la tormenta de Santa Rosa, que llegó entre relámpagos de delaciones, chaparrones de sobreprecios y una empobrecida llovizna de ilusiones. El alerta fue mutando a medida que el tema salud, enfermaba. El amarillo se volvió rojo fuego y los violentos de siempre, que estaban acorralados, aprovecharon la revelación de audios y sobres para apelar a las pedradas de siempre. Sobran manos chamuscadas en medio de un escenario complicado que, entre tobilleras y audios, le da letra y música a la inacabable serenata del despojo.

El escándalo vino avanzando para no desentonar con el pronóstico de esta Santa Rosa puntual

La coima es sin duda una de las predilecciones de los políticos vernáculos. Es tan extendido el fenómeno que algunos votantes podrían sentirse más cómplices que electores a la hora de elegir candidatos. La miniserie de Salud arrancó con alto rating y le fue sumando estrellas a un elenco en pleno crecimiento: ministro de Salud ausente, órgano de control sospechoso, facturas infladas, silencio oficial, empresarios, laboratorio criminal, droguería repartiendo muestras gratis de dólares y un Gran Hermano (¿o hermana?) rodeado por fuego amigo y emboscadas. Si desbloquean los teléfonos, sin duda llegarán nuevos intérpretes y más sobres trayendo sorpresas. Alguno estará grabando nuevos capítulos para las elecciones de octubre.

Medio país está pendiente de poder desvelar los miedos encubridores que rondan detrás de esos laboratorios que, como corresponde, van entregando teléfonos en cuenta gotas. La crisis es tan expuesta y las filtraciones han llegado a tan alto, que ya graban a la hermanísima en pleno despacho. ¿O será –todo es dudoso- una secuencia guionada y pensada para dar a luz una imagen honrada, trabajadoras y aconsejadora de una Jefe que viene siendo manoseada desde las cercanías? Como decía Celine de la posguerra: había tanto fraude, que hasta los traidores eran falsos.

Por eso nadie pone las manos en el fuego por una corrupción que es tan extendida que los casos de honradez que pueden contarse no son sino una corrupción de la corrupción, una traición al sistema. Por eso merecen un pequeño homenaje esos delatores sigilosos que han puesto bajo los reflectores a los grandes robos oficiales. La historia les reserva a ellos un lugar malicioso pero útil. Gracias a esos antihéroes, han salido a la luz hechos aberrantes. Los que graban, los que registran todo, los que espían, los que embocaron a Spagnuolo, el chofer que anotó todo en los cuadernos condenatorios, ellos no son seres ejemplares, ni mucho menos, pero desde el anonimato han ganado un merecido lugar en la historia de mostrar los trapos sucios. Es injusto por eso seguir retratando malamente a los informantes y arrepentidos que arriesgaron mucho y consiguieron mucho. Por suerte existe este trabajo, poco respetable pero necesario: los confidentes, denunciantes y soplonas que cuentan más de la cuenta y que han ayudado a poder condenar a más de un delincuente. ¿Manos en el fuego? La Casa Rosada va a necesitar más bomberos que granaderos.

Santa Rosa se fue, pero la tormenta sigue.

 

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