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Cuba al límite: el desafío cotidiano de familias atrapadas en la escasez

Madres y padres sortean apagones, falta de alimentos y crisis sanitaria mientras buscan sostener a sus hijos día tras día

Cuba al límite: el desafío cotidiano de familias atrapadas en la escasez

Yuneisy Riviaux ayuda a una de sus hijas con los deberes escolares en su casa en La Habana, Cuba / AP

1 de Abril de 2026 | 02:40
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En una casa marcada por el paso del tiempo y los derrumbes, la vida de Yuneisy Riviaux transcurre entre la incertidumbre y la resistencia. A sus 42 años, madre de dos niñas pequeñas y sin empleo, enfrenta una rutina donde cada día puede convertirse en un desafío mayor que el anterior. En su hogar del popular barrio Centro Habana, compartido con otras familias, la falta de recursos no es una novedad, pero la profundidad de la crisis actual ha llevado las carencias a un límite impensado.

El mediodía sin almuerzo ya no es una excepción, sino una posibilidad concreta. Yuneisy lo describe con una mezcla de resignación y dolor: hay días en los que consigue algo de comida, alguna golosina o incluso un pequeño juguete para sus hijas, pero otros -como ese- en los que no tiene nada que ofrecerles. Su esposo, Cristóbal Estrada, de 61 años, intenta sostener a la familia con esfuerzos que parecen titánicos: recorrer largas distancias para conseguir alimentos, dinero o simplemente una oportunidad.

APAGONES Y ESCASEZ

El contexto no ayuda. Los apagones frecuentes, la escasez de agua por falta de bombeo, la reducción de alimentos en la libreta estatal y la falta de medicamentos han convertido lo cotidiano en una odisea. Un reciente corte eléctrico echó a perder lo poco que guardaban en la heladera, un golpe más en una economía doméstica ya debilitada.

La movilidad también se ha vuelto un problema. Con el transporte público prácticamente paralizado, Estrada debe apelar al ingenio y la suerte para trasladarse. A veces logra subirse a una guagua (micro), otras depende del autostop. Cada viaje es una apuesta, cada regreso una pequeña victoria.

Hasta hace poco, la familia tenía un modesto sustento: un pequeño puesto en su casa donde vendían refrescos y condimentos. Pero la enfermedad de Estrada, diagnosticado con un colapso pulmonar, obligó a cerrar el negocio. Los ahorros se destinaron a medicamentos que debieron conseguir en el mercado informal, ante la falta de insumos en hospitales y farmacias.

Para sobrevivir, Yuneisy sale ocasionalmente a vender pasteles que prepara su hermana cuando logra conseguir harina. Son ingresos mínimos, pero vitales. Mientras tanto, sus hijas siguen yendo a la escuela, donde al menos la mayor recibe el almuerzo diario, un alivio en medio de tantas carencias.

La crisis económica que atraviesa Cuba desde hace años se profundizó tras la pandemia, que desplomó el turismo, y por factores externos que agravaron la escasez de combustible. A esto se suman reformas internas que no lograron estabilizar la economía y una creciente desigualdad que deja a familias como la de Yuneisy en una situación muy vulnerable.

Antes, recuerda ella, la libreta de abastecimiento ofrecía una base más sólida para alimentarse. Hoy, las entregas son irregulares y los productos, insuficientes. Lo que antes alcanzaba para varias semanas, ahora apenas cubre unos días.

Sin embargo, incluso en este escenario adverso, la familia encuentra formas de seguir adelante. Una donación de leche, un trozo de pan compartido por un vecino, unas bananas traídas tras horas de búsqueda: pequeños gestos que sostienen la esperanza.

Al caer la noche, La Habana se vuelve silenciosa, casi irreconocible. Pero dentro de esa casa, Yuneisy y los suyos siguen resistiendo. No piensan en política, dice ella, pero sí sienten miedo ante lo que pueda venir. Su preocupación es más inmediata: cómo alimentar a sus hijas mañana, cómo sortear un nuevo apagón, cómo seguir, simplemente, un día más.

 

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