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La Ciudad |Un problema sin mapa ni solución integral

Asbesto en la Región, un enemigo casi invisible en el aire que es un riesgo sanitario subestimado

También conocido como amianto, prohibido hace más de 20 años, puede liberar fibras que originan cáncer. El drama local

Asbesto en la Región, un enemigo casi invisible en el aire que es un riesgo sanitario subestimado

Se trata de un tipo de aislante que debe retirarse o encapsularse para evitar riesgos sanitarios / web

19 de Abril de 2026 | 02:28
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El peligro no siempre es visible. No tiene olor, no hace ruido y puede permanecer durante décadas oculto en cañerías, techos o paredes. Sin embargo, cuando aparece, altera la vida cotidiana de escuelas, oficinas públicas y edificios enteros. El asbesto -también conocido como amianto- volvió a instalarse en la agenda pública de la provincia de Buenos Aires, con foco en el Gran La Plata, donde en los últimos años se multiplicaron las detecciones en establecimientos educativos y dependencias estatales. Lo que parecía un material del pasado se revela como un problema vigente, silencioso y de largo alcance.

El caso más reciente que encendió alarmas ocurrió en una escuela secundaria de Los Hornos, en La Plata, donde se detectó la presencia de asbesto en el sistema de calefacción. La situación derivó en la suspensión de clases, inspecciones técnicas y una serie de cuestionamientos por parte de la comunidad educativa. Docentes, familias y especialistas coincidieron en un punto: no se trata de un episodio aislado, sino de la manifestación visible de un problema estructural que atraviesa a gran parte del parque edilicio construido antes de la prohibición del material en 2003.

Durante décadas, el asbesto fue considerado un aliado de la construcción. Su resistencia al fuego, su durabilidad y su capacidad aislante lo convirtieron en un componente habitual en cañerías, revestimientos, techos y sistemas térmicos. En Argentina, su uso fue extendido especialmente entre los años 60 y 90, e incluso se mantuvo en algunas obras hasta comienzos de los 2000. Esa expansión masiva explica por qué hoy sigue apareciendo en edificios que, a simple vista, no presentan anomalías estructurales evidentes.

Argentina, además, llegó tarde a su prohibición. Recién a comienzos del siglo XXI, mediante las resoluciones 845/2000 y 823/2001 del Ministerio de Salud, se avanzó en la eliminación normativa del material. Para ese entonces, buena parte de la infraestructura pública ya había sido construida con amianto. La consecuencia es clara: más de veinte años después, el país convive con una herencia tóxica que permanece incrustada en miles de edificios, sin un plan integral de remoción.

UN MAPA INVISIBLE EN EL CORAZÓN DEL ESTADO

La problemática del asbesto en la provincia de Buenos Aires, y en particular en el Gran La Plata -La Plata, Berisso y Ensenada-, está directamente vinculada a la antigüedad de su infraestructura pública. Escuelas, hospitales, ministerios y edificios administrativos construidos entre las décadas del 70 y principios de los 2000 conservan este material en múltiples formas.
El amianto aparece en recubrimientos de calderas y cañerías de agua caliente, en chapas de fibrocemento utilizadas en techos, en tanques de almacenamiento, en ductos de ventilación e incluso en componentes menos evidentes como baldosas vinílicas o selladores industriales. A esto se suma su presencia en redes de servicios, como cañerías de agua de “asbesto cemento” que aún hoy están siendo reemplazadas por materiales más seguros en distintos puntos de la región.

El caso más reciente que encendió alarmas ocurrió en una escuela de Los Hornos

En el Gran La Plata, las denuncias recientes permiten reconstruir un mapa fragmentario pero inquietante. La Escuela Secundaria Nº 3 de La Plata, más conocida como la Media N°3 de Los Hornos, se convirtió en el caso más emblemático en 2026, con suspensión de clases, peritajes técnicos y pedidos de informes legislativos para determinar el alcance de la exposición, la cantidad de personas potencialmente afectadas y las medidas adoptadas por las autoridades.

A la par, trabajadores estatales, docentes, auxiliares y gremios como ATE y SUTEBA vienen señalando la posible presencia de asbesto en edificios administrativos del centro platense, especialmente en sectores poco visibles como sótanos y salas de máquinas. Sin un inventario oficial público, el problema permanece en gran medida oculto, dependiendo de denuncias puntuales o hallazgos accidentales.

UN ENEMIGO INVISIBLE EN EL AIRE

El verdadero riesgo del asbesto no es su presencia sólida, sino su transformación en polvo respirable. Cuando el material se deteriora, se rompe o es manipulado sin controles adecuados, libera fibras microscópicas que quedan suspendidas en el aire y pueden ser inhaladas sin que las personas lo perciban.

Estas fibras tienen una capacidad notable de dispersión. Pueden permanecer flotando durante largos períodos y desplazarse por corrientes de aire, sistemas de ventilación o el simple tránsito dentro de un edificio. Esto implica que la contaminación puede extenderse más allá del punto original donde se encuentra el material.

En Argentina, su uso fue extendido especialmente entre los años 60 y 90

La evidencia científica internacional es contundente: no existe un nivel seguro de exposición. Organismos como la Organización Mundial de la Salud han establecido que todas las formas de amianto son cancerígenas. Las enfermedades asociadas incluyen la asbestosis, el cáncer de pulmón, el mesotelioma y las placas pleurales, estas últimas como indicadores de exposición previa.

Uno de los factores más críticos es la latencia. Las enfermedades pueden manifestarse entre veinte y cuarenta años después de la exposición, lo que convierte al asbesto en una amenaza diferida. La exposición actual, aunque no genere síntomas inmediatos, puede traducirse en patologías graves en el futuro.

EXÁMENES EN ESCUELAS

En el ámbito educativo, el problema adquiere una dimensión particularmente sensible. Niños y adolescentes constituyen el grupo más vulnerable frente a la exposición al asbesto. Su mayor tasa respiratoria, el desarrollo incompleto de sus pulmones y el largo horizonte de vida incrementan el riesgo acumulativo.

En las escuelas, la exposición suele ser de baja intensidad pero sostenida. Aulas, pasillos y espacios comunes se transforman en escenarios de contacto prolongado con un contaminante invisible. No es necesario un evento de ruptura o demolición: el deterioro progresivo de los materiales puede ser suficiente para liberar fibras al ambiente.

El caso de Los Hornos sintetiza estas tensiones. La comunidad educativa denunció riesgos sanitarios, se suspendieron las clases y se implementó la modalidad virtual mientras se realizaban evaluaciones técnicas. A pesar de mediciones que indicaban niveles bajos de fibras en el aire, el reclamo central fue claro: la ausencia de un umbral seguro vuelve insuficiente cualquier resultado que no garantice la eliminación total del material.

La discusión también puso en evidencia la falta de datos sistemáticos. No existe un mapa público del asbesto en la provincia de Buenos Aires, lo que impide dimensionar cuántos edificios están afectados. La detección sigue siendo, en gran medida, reactiva, vinculada a situaciones de conflicto más que a políticas preventivas.

CÓMO SE DEBE ACTUAR FRENTE AL ASBESTO

La gestión del asbesto está regulada por un conjunto de normas que lo consideran un residuo peligroso, entre ellas la Ley 24.051 a nivel nacional y la Ley 11.720 en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, no existe un protocolo único y unificado de remoción, lo que obliga a adoptar estándares internacionales de seguridad.

El proceso comienza con la identificación del material mediante análisis de laboratorio, utilizando técnicas como microscopía de luz polarizada o electrónica. Luego se evalúa el estado del material, especialmente su friabilidad, es decir, su capacidad de desprender fibras.

Si se confirma el riesgo, se debe proceder al cierre preventivo del área afectada y a la elaboración de un plan de intervención. La remoción solo puede ser realizada por empresas especializadas, con personal capacitado y equipamiento adecuado. El área debe ser completamente aislada, con sistemas de presión negativa que impidan la dispersión de partículas.

Durante la extracción, se aplican técnicas de humedecimiento para evitar la liberación de fibras, y los trabajadores utilizan trajes especiales y máscaras con filtros de alta eficiencia. El material retirado se embala en contenedores herméticos, se rotula como residuo peligroso y se transporta a sitios autorizados para su disposición final. Finalmente, se realizan mediciones de aire para certificar que el ambiente es seguro antes de su reutilización.

NUEVOS MATERIALES, VIEJOS INTERROGANTES

La prohibición del asbesto impulsó el uso de materiales alternativos como la lana de vidrio, que hoy se emplea como aislante térmico y acústico en la mayoría de las construcciones. A diferencia del amianto, no está clasificada como cancerígena y sus fibras tienen menor persistencia en el organismo.

Sin embargo, su deterioro también puede generar problemas. Las microfibras de vidrio pueden causar irritación en la piel, los ojos y las vías respiratorias, especialmente en ambientes cerrados donde pueden acumularse si el material está expuesto o mal instalado. En sistemas de ventilación, incluso pueden convertirse en un vector de dispersión hacia distintas áreas del edificio.

La diferencia central con el asbesto es la gravedad del riesgo. Mientras el amianto está vinculado a enfermedades mortales y de larga latencia, la fibra de vidrio produce efectos generalmente transitorios. Aun así, su presencia deteriorada evidencia la necesidad de mantenimiento y control permanente en los edificios públicos.

UNA DEUDA ESTRUCTURAL DE LARGO PLAZO

El avance de las detecciones de asbesto en el Gran La Plata deja al descubierto una deuda estructural en materia de infraestructura y salud pública. La combinación de una prohibición tardía, la persistencia del material en edificios antiguos y la ausencia de políticas integrales de relevamiento y remoción configura un escenario de riesgo latente.

La evidencia proveniente de organismos internacionales, investigaciones académicas, normativas legales y denuncias periodísticas converge en un diagnóstico común: el problema es real, extendido y en gran medida subregistrado. La falta de información pública sistemática no implica ausencia de riesgo, sino una limitación para abordarlo de manera eficaz.

Frente a este panorama, la discusión ya no pasa únicamente por reaccionar ante cada hallazgo, sino por anticiparse. La elaboración de inventarios, la implementación de auditorías preventivas y el desarrollo de planes de desasbestización a escala aparecen como herramientas indispensables para enfrentar un problema que, aunque invisible, ya está presente en el aire que circula por aulas, oficinas y espacios públicos.

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Se trata de un tipo de aislante que debe retirarse o encapsularse para evitar riesgos sanitarios / web

Suele encontrarse en caños de donde debe retirarse para prevenir la polución del aire / web

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