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La Ciudad |LA ‘SPUZZA’ PLATENSE Y LA EXPLICACIÓN DE LA CIENCIA

El “pegote otoñal”, una trampa climática entre el Río y el calor residual que asfixia a la Región

El “pegote otoñal”, una trampa climática entre el Río y el calor residual que asfixia a la Región

En otoño, pero con ropa de verano: el calor y la humedad no se van / Demian Alday

2 de Abril de 2026 | 04:10
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La sensación es conocida, casi pegajosa: un aire que no corre, que no refresca, que no se va. En el Gran La Plata -La Plata, Berisso y Ensenada- esa percepción cotidiana de “ambiente pesado” tiene hoy una explicación concreta, medible y respaldada por la ciencia. Detrás de lo que popularmente se describe como “spuzza climática” -del italiano puzza, mal olor o aire rancio- hay un fenómeno meteorológico bien identificado: un bloqueo atmosférico persistente que altera la circulación normal del aire en el centro-este de la Argentina.

En términos técnicos, se trata de un episodio de bloqueo atmosférico, una configuración en la que un sistema de alta presión se instala durante días -o incluso semanas- e impide el avance de los frentes fríos. En este caso, el protagonista es el Anticiclón del Atlántico Sur, que al intensificarse y desplazarse hacia el continente actúa como un verdadero “muro de hormigón” invisible. La afirmación no solo es consistente con la teoría: está respaldada por informes recientes del Servicio Meteorológico Nacional y por coberturas de diferentes medios durante marzo de 2026.

La física detrás es clara: en los centros de alta presión predomina la subsidencia, es decir, aire que desciende, se comprime y se calienta. Ese movimiento genera una “tapa” que impide el ascenso del aire húmedo y dificulta la penetración de frentes fríos. En este contexto, los sistemas que normalmente traerían alivio quedan frenados o desviados, consolidando un escenario de estabilidad, calor y humedad persistente.

UN BLOQUEO CONFIRMADO Y SOSTENIDO EN EL TIEMPO

Lejos de ser una percepción aislada, distintos reportes coinciden en que Argentina atravesó durante marzo de 2026 un episodio prolongado de bloqueo atmosférico. Informes del Servicio Meteorológico Nacional y análisis difundidos por Meteored describieron la presencia de un anticiclón persistente en el Atlántico Sur, con presiones cercanas a los 1026 hPa.

Ese sistema actuó exactamente como un “muro atmosférico”, frenando el avance del Pampero y sosteniendo sobre el centro-este del país una masa de aire tropical cálida y húmeda. Como señalaron medios como Ahora Mar del Plata y 0223, el resultado fue una estabilidad prolongada con humedad elevada, temperaturas anómalas y escasa ventilación.

El meteorólogo Mario Bidegain también explicó que este tipo de bloqueos induce vientos persistentes del este, altos niveles de humedad y recirculación de aire tropical en toda la región del Río de la Plata. Es decir, exactamente el escenario que define la “spuzza”.

EL FRENTE FRÍO QUE NO LIMPIA Y LA SUDESTADA FORZADA

Uno de los rasgos más característicos de estos eventos es la alteración en la trayectoria de los frentes fríos. En condiciones normales, ingresan desde el sudoeste con aire seco y frío. Pero cuando el bloqueo está activo, ese camino queda cerrado.

Entonces ocurre lo que describe el mapa: los frentes se debilitan, se desvían y terminan ingresando desde el sudeste, tras bordear el anticiclón. Este comportamiento, también documentado por medios como Ahora Mar del Plata, genera un ingreso de aire que no limpia, sino que mezcla.

El resultado es una “sudestada forzada”: vientos del este y sudeste que introducen más humedad desde el Río de la Plata. En lugar de barrer la masa cálida, la recargan. El alivio es leve y temporario, pero la humedad permanece, reforzando la sensación de aire pesado y estancado.

EL OCÉANO MÁS CÁLIDO COMO MOTOR DEL FENÓMENO

A este escenario se suma un factor estructural: el calentamiento del Atlántico Sur. Datos de la NOAA y del Servicio Meteorológico Nacional muestran anomalías térmicas positivas en la región, con valores superiores a los promedios históricos.

Un océano más cálido evapora más agua, lo que incrementa la humedad disponible en la atmósfera. Ese vapor alimenta la masa de aire tropical y refuerza la estabilidad del anticiclón. Aunque no siempre se registra un valor exacto uniforme, las anomalías cercanas a +1,5 o +2 °C en distintas zonas del Atlántico sudoccidental contribuyen directamente a este tipo de episodios.

El efecto es claro: más energía, más humedad y mayor persistencia del bloqueo. La atmósfera no solo queda detenida, sino también sobrecargada.

EL IMPACTO DIRECTO EN EL GRAN LA PLATA

En el Gran La Plata, este fenómeno se siente con mayor intensidad por su ubicación geográfica. La proximidad al Río de la Plata convierte a la región en una zona de ingreso directo de aire húmedo cuando los vientos soplan desde el sudeste.

Durante los episodios recientes, se registraron niveles de humedad relativa extremadamente altos, en muchos casos entre el 90% y el 99%, con muy poca ventilación. Esto genera una atmósfera saturada donde el aire no se renueva y la sensación térmica se dispara.

En Berisso y Ensenada, el efecto es inmediato por su contacto directo con el estuario. En La Plata, ese aire húmedo se combina con el calor acumulado urbano, generando un ambiente aún más pesado y persistente.

LA CIUDAD QUE NO ENFRÍA Y EL CALOR QUE SE ACUMULA

El fenómeno se potencia con el efecto de isla de calor urbana, estudiado por la Universidad Nacional de La Plata. El asfalto y el cemento absorben calor durante el día y, sin circulación de aire, no logran liberarlo durante la noche.

Esto da lugar a noches tropicales, con mínimas elevadas que impiden el descanso y refuerzan la sensación de aire viciado. La falta de viento impide disipar el calor, y la humedad lo vuelve aún más agobiante.

Además, la estabilidad atmosférica inhibe precipitaciones organizadas. Puede haber nubosidad o lloviznas aisladas, pero no el ingreso de sistemas frontales capaces de limpiar la atmósfera de forma efectiva.

MOSQUITOS, SALUD Y VIDA EN UN AIRE ESTANCADO

El impacto también es biológico. Las condiciones de calor, humedad y agua acumulada favorecen la proliferación de mosquitos como el Aedes aegypti y el Culex.

Investigaciones del CEPAVE muestran que estos escenarios permiten ciclos reproductivos sostenidos, especialmente cuando no hay descensos térmicos bruscos que los interrumpan. El bloqueo, al estabilizar las condiciones, prolonga este ambiente ideal para los vectores.

A nivel sanitario, el resultado es un aumento del malestar térmico, fatiga, posibles complicaciones respiratorias y mayor exposición a enfermedades transmitidas por mosquitos. La “spuzza” deja de ser solo una incomodidad: se vuelve un factor de riesgo.

UN PATRÓN QUE SE REPITE Y SE INTENSIFICA

Aunque los bloqueos atmosféricos son fenómenos conocidos, la evidencia indica que su frecuencia e intensidad están en aumento. El calentamiento global, con océanos que absorben cerca del 90% del exceso de calor del planeta, genera condiciones propicias para su persistencia.

Eso explica por qué eventos que antes duraban pocos días ahora pueden extenderse durante semanas. Durante marzo de 2026, distintos análisis indicaban una duración prolongada, con mejoras recién hacia fines de mes o comienzos de abril.

En ese contexto, lo que se percibe como algo excepcional empieza a formar parte de una nueva normalidad climática, donde la estabilidad extrema y la humedad persistente ganan protagonismo.

CUANDO EL AIRE FINALMENTE SE LIBERA

La “spuzza” no desaparece gradualmente. Su final suele ser abrupto y depende de un cambio en la circulación de gran escala: el debilitamiento o desplazamiento del anticiclón que permite el ingreso de un frente frío más activo.

Ese momento marca el regreso del viento, la caída de la humedad y el esperado “barrido” atmosférico. Es cuando la atmósfera vuelve a moverse y el aire se renueva.

Hasta entonces, lo que domina en el Gran La Plata es un sistema cerrado, donde el aire gira sobre sí mismo sin salida. No es una exageración ni una metáfora: es la manifestación local, científicamente comprobada, de una atmósfera bloqueada. Un fenómeno que explica por qué, durante días enteros, el aire parece quedarse atrapado en el mismo lugar.

EN MARZO, OTRO OTOÑO MÁS CALOROSO QUE LA MEDIA NORMAL
Entre el 21 y el 31 de marzo, el Gran La Plata registró una temperatura media de 22,6°C, casi 2,5 grados por encima de la normal histórica de 20,2°C para ese período del otoño. Las máximas del 29 y el 31 de marzo treparon a 32 y 34°C respectivamente, sin que ningún día del tramo bajara de 22°C de máxima.
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