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Séptimo Día |SU PRIMERA NOVELA

Identidad en disputa: la memoria que irrumpe en lo cotidiano

En Casa con pileta, Patricia Salinas trama una historia en que la intimidad doméstica se ve atravesada por los ecos de la dictadura. Desde la mirada de una hija adoptiva, el libro interroga el “quiénes somos” y cuestiona la idea de verdad

Identidad en disputa: la memoria que irrumpe en lo cotidiano

Patricia Salinas, de la provincia de Buenos Aires, es socióloga y psicóloga / Web

Francina Lorenzo
florenzo@eldia.com

3 de Mayo de 2026 | 04:50
Edición impresa

La primera novela de Patricia Salinas, Casa con pileta, se inscribe en un momento particularmente significativo para la cultura argentina: a cincuenta años del golpe cívico-militar, cuando las preguntas por la memoria, la identidad y sus formas de transmisión vuelven a tensionar tanto el campo político como el literario. Sin embargo, el libro elude cualquier inscripción directa en la narrativa testimonial clásica. No se presenta como una novela “sobre” la dictadura, sino como una indagación en sus persistencias: aquello que no se ve pero sigue operando en la vida cotidiana.

El punto de partida es, en apariencia, anodino: una casa con pileta en un barrio de Quilmes. Pero esa imagen —ligada a cierto imaginario de bienestar de clase media— se ve inmediatamente desestabilizada por un dato que no admite neutralidad: a pocos metros funcionó el Pozo de Quilmes, uno de los centros clandestinos de detención más siniestros de la última dictadura. La novela no convierte ese dato en un eje argumental explícito; lo deja actuar como interferencia, por lo bajo. La protagonista no puede habitar ese espacio sin que la historia lo contamine.

La propia autora lo formula en términos que exceden la anécdota: “la verdad es que estamos hechos de muchas historias que a veces no se cuentan y el riesgo de que en vez de todas esas historias aparezca, por ejemplo, una casa con pileta, como un tapón de todo eso sería muy triste”. La escritura surge, en ese sentido, como un intento de perforar esa superficie, de evitar que la imagen ordenada de lo doméstico funcione como clausura de lo no dicho.

Ese gesto inicial se vincula con el origen mismo del libro. “Esta historia viene de un diario, de un esbozo de un diario, de un comienzo de pensar en la historia del lugar que ocupo”, explica Salinas. El pasaje del registro íntimo a la ficción no implica un abandono de lo personal, sino una reconfiguración: “simplemente escribí desde un lugar que era imaginariamente el más cercano al que me encontraba moralmente: no puedo pasar por acá sin dar cuenta de esto que me tocó en la vida, que es vivir al lado del ex pozo de Quilmes”. A partir de allí, la escritura se desplaza: “primero en forma de diario y después, por suerte, en forma un poco más separada de mí y más en relación a las posibilidades de las vidas de los otros”.

En ese movimiento se juega una de las operaciones más interesantes de la novela: el pasaje del yo a una zona donde la experiencia individual se vuelve permeable a otras historias. No hay aquí voluntad de crónica ni de reconstrucción histórica exhaustiva. Hay, más bien, una sensibilidad que se activa frente a un entorno cargado de sentido y que busca formas de narrarlo sin reducirlo.

La pregunta por la identidad emerge entonces como eje, pero en términos desplazados. La protagonista —Patri— descubre en sus veintes que fue adoptada. Lo que podría dar lugar a una trama de investigación se transforma en otra cosa: una proliferación de hipótesis, una serie de relatos posibles sobre su origen. ¿Es hija de desaparecidos? ¿De un militar? ¿De un represor? La novela no responde. O, mejor dicho, responde multiplicando versiones.

La autora lo plantea de manera explícita: “Yo no creo que haya, en el concepto de verdad factual, demasiado. Es decir, creo que la verdad es un ideal, espero que nos acerquemos, trabajo siempre en ella, así como a la justicia pero… la verdad, lo decía Lacan, tiene estructura de ficción”. Esta posición no es meramente teórica; organiza la lógica del relato. La identidad no se descubre: se construye, se ensaya, se ficcionaliza, se trama.

 

“Casa con pileta surge como una necesidad vital: la escritura como herramienta para nombrar lo que estalla por dentro”

Patricia Salinas,
Escritora

 

Incluso hay, en ese punto, una toma de distancia respecto de ciertos modos de pensar la identidad en el campo de los derechos humanos: “me parece que la identidad siempre estaba, incluso por los organismos de derechos humanos, quizás a veces versionada como de una vez y para siempre y no lo veo así”. La afirmación no niega la importancia de esas políticas, pero introduce una complejidad: “aunque a uno le tocara la más tremenda de las historias, si se pudiera construir otra mejor y jugar con ellas, me parece que el ser humano tiene derecho a las historias y tiene derecho a la vida y a historias vitales”.

Formalmente, esta concepción se traduce en una estructura fragmentaria, que avanza por acumulación y variación antes que por desarrollo lineal. La novela se organiza en secuencias breves, reiterativas, capítulos con números que van y vuelven, otros con nombres, que construyen sentido a partir de la repetición pero con algunos saltos temporales. Aquí aparece una imagen central: la del padre tejedor. “Yo creo que el tener telas en mi casa de chica todo el tiempo lo que se llamaba crudos, hilados, mi padre tiñendo en la cocina obsesionadamente, hilo por hilo, me afectó bastante”. Esa experiencia no solo marca una memoria afectiva, no solo remite a Penélope, sino también a una forma de pensar la escritura: como trama, como tejido, como algo que puede desarmarse para entender su lógica interna.

En paralelo, el libro construye una mirada crítica sobre el espacio doméstico. Lejos de idealizarlo, lo presenta como un territorio ambiguo, donde conviven contención y violencia, cuidado y ocultamiento. “Las apariencias engañan y que adentro de las casas las cosas nunca son como parecen”, señala Salinas. Esa afirmación, que podría leerse en clave social amplia, adquiere en la novela una dimensión específica al articularse con la cercanía del centro clandestino. La casa no es refugio: es un lugar atravesado por la historia.

La escritura aparece entonces como una necesidad más que como una elección. “Casa con pileta surge como una necesidad vital: la escritura como única herramienta para nombrar lo que estalla por dentro”, se señala en la presentación del libro. En ese marco, no resulta casual que la narradora desconfíe de la ficción y, sin embargo, escriba. La literatura es, al mismo tiempo, objeto de sospecha y único recurso disponible. Es solo ahí donde experiencias inefables pueden existir.

Salinas también introduce, de manera lateral, una reflexión sobre el presente y las formas de proyectar el futuro. “Yo creo que la verdad definitiva, y es algo con lo que tenemos que luchar para sostener, que está bastante presente en la novela, es cómo sostener las ganas”. Y agrega: “creo totalmente en las ganas y el espíritu de esas ganas; y, si no somos dañados, las ganas y el alma de la gente se mantienen”. En un contexto que describe como atravesado por múltiples formas de corrupción o desánimo, la novela apuesta por una ética de la atención: “no mirar para otro lado, ayudar a los otros y poder tener conciencia, poder mirar”.

Ese “mirar” aparece, de hecho, como un principio literario: “creo que mirar en estos días del libro y demás es el origen de la literatura”. La afirmación funciona como clave de lectura para todo el proyecto narrativo que constantemente se pregunta cómo nadie vio, cómo nadie escuchó y, peor aún, cómo nadie habla hoy en día: escribir no como ejercicio ornamental, sino como forma de percepción, como modo de registrar lo que insiste aun cuando no se quiere ver.

Casa con pileta formará parte de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde su autora participará en actividades vinculadas a literatura y dictadura. En ese marco, la novela ofrece una intervención singular: en lugar de reafirmar sentidos ya estabilizados, introduce fisuras, complejiza, desplaza.

“Estamos hechos de muchas historias que a veces no se cuentan”, insiste Salinas. Frente a ese diagnóstico, el libro no propone una solución ni una verdad definitiva. Propone, en todo caso, sostener la pregunta. Y en ese gesto —incomodar, abrir, insistir— radica su potencia.

CASA CON PILETA
PATRICIA SALINAS
Editorial: Emecé
Páginas: 208
Precio: $38.900
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Patricia Salinas, de la provincia de Buenos Aires, es socióloga y psicóloga / Web

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