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El distrito vecino fue como una torre de Babel que se llenó de leyendas. Tanto el ex líder yugoslavo como el dramaturgo Eugene O’Neill y el magnate Aristóteles Onassis habrían vivido allí hace varias décadas
El Mariscal Tito
De Berisso se dijo, y con razón, que fue –y a su manera lo sigue siendo- una torre de Babel en donde todo confluyó en un idioma, el argentino, pese a que la mayoría de sus habitantes llegó desde los cuatro puntos cardinales del planeta.
También se afirmó que tal concentración de colectividades lo convirtió en cuna de mitos y leyendas. A Berisso llegaron miles de inmigrantes que se quedaron y unos pocos que solo pasaron un tiempo, para después retornar a sus patrias. Pero todos dejaron el legado de sus culturas.
Entre ellos se ha hablado siempre del Mariscal Tito –el poderoso líder de la ex Yugoslavia- del dramaturgo Eugene O’Neill y del millonario griego Aristóteles Onassis. En realidad, la mayor certeza sobre esas presencias sería la de Onassis.
El verdadero nombre del Mariscal Tito era Josip Broz (1892-1980). Austrohúngaro hasta 1918 y yugoslavo desde ese año fue un político, militar comunista y presidente de Yugoslavia desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte en 1980 a los ochenta y siete años. La ideología política y las políticas promulgadas por Tito se conocen como titoísmo. Manejó su país con mano firme y si bien lo cobijó bajo la influencia de la entonces Unión Soviética, mantuvo siempre distancias con el Kremlin.
Los historiadores críticos de Tito ven ahora su presidencia como autoritaria y a él como un dictador, mientras que otros lo caracterizan como un déspota benévolo. Fue una figura pública popular tanto en Yugoslavia como en el extranjero y algunos lo siguen viendo como un símbolo unificador, con sus políticas internas que mantenían la coexistencia pacífica de las naciones de la federación yugoslava.
Tito obtuvo mayor atención internacional como cofundador del Movimiento de Países No Alineados, junto con Jawaharlal Nehru de la India, Gamal Abdel Nasser de Egipto, Kwame Nkrumah de Ghana y Sukarno de Indonesia. Con una reputación muy favorable en el extranjero, en ambos bloques de la Guerra Fría, recibió un total de 98 condecoraciones extranjeras, incluida la Legión de Honor y la Orden del Baño.
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Pero enfrentó una feroz resistencia por parte de muchos sectores entonces yugoslavos que querían independizarse. De modo que, a poco de la muerte de Tito, la agónica Yugoslavia se desintegró y se reconvirtió en seis repúblicas soberanas surgidas luego de varios conflictos militares. Ellas son Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia.
En el caso del líder de la ex Yugoslavia, el Mariscal Tito, quedó consolidada la leyenda de que vivió y trabajó en la ciudad de Berisso entre 1930 y 1931, que lo hizo desempeñándose en el Frigorífico Swift y que era un paseante habitual en la calle Nueva York. No obstante, no existe una sola documentación oficial que así lo compruebe.
Se lo asoció con las colectividades serbia, croata y eslovena y se dijo más, que se había convertido en hincha de Estudiantes de La Plata. También se afirmó que trabajó unos meses en los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada.
El historiador platense Nicolás Colombo, en un artículo publicado en este diario titulado “El mariscal de Berisso” (31 de mayo 2018), sostiene que “a principios de la década de 1930, cuando Berisso tenía gran actividad obrera en sus frigoríficos, hizo su aparición un misterioso personaje. Era conocido como “el ruso” Walter, y se ocupaba de reparar las maquinarias del Frigorífico Swift, trabajando en turnos de 12 horas diarias. Nadie sabía sobre su procedencia o verdadera identidad, razón por la cual surgió en torno a su figura el mito de que se trataba del Mariscal Tito de Yugoslavia, quien habría escapado de la persecución comunista para terminar viviendo en Argentina.
Luego de reseñar que nació en 1892 y que combatió en la Primera Guerra Mundial, en la que fue capturado y llevado prisionero a Rusia, afirma que se involucró luego en el comunismo yugoslavo que estaba prohibido, de modo que debió huir de su país y con pasaporte falso logró abordar en Génova el vapor Princesa María que lo trajo a Buenos Aires para recalar luego en Berisso el 30 de octubre de 1930.
“Ya en Berisso se habría instalado en la pensión ‘El Turco’ de la calle Nueva York. Frecuentaba el restaurante ‘El Águila’, y se juntaba en el bar Rawson a charlar con Vania Kalinoff, un ciudadano ruso que había participado en los inicios de la revolución comunista”, afirma Colombo.
El historiador agrega que “pese a estar rodeado de fanáticos de Gimnasia y Esgrima, se hizo simpatizante de Estudiantes ya que el escudo y la camiseta pincharrata eran similares a las de su querido Crvena Zvezda de Belgrado. Algunos de sus compatriotas que aún viven en Berisso, relatan que durante la gira mundial de Estudiantes en 1968, el Mariscal Tito recibió personalmente a todo el equipo en la capital yugoslava”.
A pesar de tan convincentes precisiones y testimonios, la veracidad del mito acerca de que el mariscal Tito estuvo un año en Berisso no tiene respaldo de documentaciones oficiales. No se encontró a nadie con su apellido en las plantillas del frigorífico Swift, aunque no debiera descartarse que haya usado una identidad falsa. Lo cierto es que la leyenda de Tito en Berisso sigue circulando de boca en boca.
En cuanto al célebre dramaturgo estadounidense y Premio Nobel de Literatura, Eugene O’Neill (suegro de Charles Chaplin, ya que el actor tomó por cuarta y última esposa a Ona O’Neill), se asegura también que vivió un tiempo en la zona de Berisso y La Plata alrededor de 1910.
Durante su juventud aventurera, trabajó en el depósito de cueros del frigorífico Swift y frecuentó el ambiente portuario de la zona. Su paso por la región, incluyendo su estancia en una humilde casa, alimentó sus experiencias vitales y literarias, afirman quienes aseguran que su presencia en nuestra zona no se trata de una leyenda privada de verdad.
En cambio, del magnate griego Aristóteles Onassis hay testimonios más precisos y documentos firmes en la colectividad griega, demostrativos de que –cuando aún no había siquiera iniciado su camino hacia la riqueza- pasó por Berisso en 1923 y que poco después, ya en Buenos Aires, comenzó a forjar el imperio que lo convirtió en uno de los armadores de buques más adinerados del mundo. Cuando llegó a Berisso contaba con sólo 17 años de edad y habría podido trabajar en cercanía de los frigoríficos como una suerte de vendedor ambulante de medias y otros productos.
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