Estimado lector, muchas gracias por su interés en nuestras notas. Hemos incorporado el registro con el objetivo de mejorar la información que le brindamos de acuerdo a sus intereses. Para más información haga clic aquí

Enviar Sugerencia
Conectarse a través de Whatsapp
Temas del día:
Buscar
Temas |HISTORIAL REAL

Se amaban, pero la decisión de tener hijos los separó

Estuvieron ocho años juntos, atravesaron mudanzas, trabajos nuevos y hasta la enfermedad de un padre. El conflicto no fue una traición ni el desgaste: fue una pregunta simple y brutal

Se amaban, pero la decisión de tener hijos los separó

Freepik

8 de Marzo de 2026 | 05:39
Edición impresa

Ella no se llama Paula ni él Martín, pero así los vamos a llamar. Se conocieron a los 22 años, en una fiesta de cumpleaños en un departamento de estudiantes, con vasos de plástico y música demasiado alta para conversar. Sin embargo, conversaron. Se quedaron en el balcón, ajenos al resto, hablando de viajes que todavía no habían hecho y de profesiones que apenas empezaban a imaginar.

A los pocos meses ya eran inseparables. Se acompañaron en finales eternos, en entrevistas laborales frustradas, en los primeros sueldos que parecían un triunfo. A los 25 se mudaron juntos a un dos ambientes luminoso, con muebles heredados y plantas que sobrevivían como podían. “Lo nuestro fue siempre muy compañero”, recordó ella en diálogo con este cronista. “Nunca hubo grandes escenas. Éramos equipo”, agregó.

El tema hijos apareció por primera vez como aparece casi todo lo importante: en broma. Un domingo al mediodía, después de un asado con amigos donde alguien anunció un embarazo, Paula dijo: “Yo no me veo siendo madre”. Martín respondió liviano: “Yo sí, pero falta un montón”. Se rieron. No volvieron a hablar del asunto durante años.

La vida siguió. Cambiaron de trabajo, adoptaron un perro, viajaron al sur con mochila. Atravesaron la enfermedad del padre de él y la muerte de la abuela de ella. En cada crisis, eligieron quedarse. “Yo pensaba que si habíamos pasado por todo eso, podíamos con cualquier cosa”, confesó ella.

A los 29, el tema regresó. Ya no como chiste sino como horizonte. Varias parejas del entorno empezaban a planear maternidades y paternidades. “Una noche, mientras lavábamos los platos, Martín dijo sin rodeos que sí me gustaría ser papá en algún momento. Yo, todavía lo recuerdo como si fuese ayer, apoyé el vaso, lo miré fijo y casi sin pestañar, sabiendo que algo se rompía, dije: ‘Yo no. Y no creo que cambie’”, contó Paula.

No hubo gritos. Tampoco reproches. Lo que hubo fue silencio.

Durante meses intentaron negociar lo innegociable. Él propuso esperar. Ella pidió que no lo pensara como una renuncia sino como una elección distinta. Fueron a terapia de pareja. Hicieron listas mentales de pros y contras. Se abrazaron llorando. El amor estaba intacto; el proyecto, no.

“Lo más difícil fue entender que nadie estaba equivocado”, dijo Paula. “Yo no quería ser madre, no por miedo ni por carrera. Simplemente no era mi deseo. Y él no quería resignarlo”, añadió. “Martín siempre decía que no era una presión social pero que se imaginaba enseñándole a alguien a andar en bici, acompañando tareas, viendo crecer a un hijo. Él tenía una imagen muy concreta”, sumó.

El desgaste no vino de la falta de amor sino de la imposibilidad de resolver. Cada vez que aparecía un bebé en una reunión, el aire se volvía espeso. Cada comentario ajeno —“¿y ustedes para cuándo?”— funcionaba como recordatorio. Empezaron a sentir que el tiempo jugaba en contra.

La separación fue acordada una tarde de invierno. Se sentaron en el sillón donde tantas veces habían planeado viajes y dijeron, casi al mismo tiempo: “No podemos seguir así”. Se abrazaron largo. No hubo terceros. No hubo traiciones. Solo una certeza dolorosa: quererse no siempre alcanza.

Hoy no se odian. Tampoco son amigos. Se escribieron el día del cumpleaños del otro durante el primer año. Después, menos. A veces se cruzan en la Ciudad y se saludan con una mezcla de ternura y nostalgia.

“Si hubiera querido tener hijos, sin dudas seguiría con él. No fue falta de amor; fue búsquedas diferentes”, admitió Paula. La frase resume el nudo: no faltó cariño, faltó coincidencia.

Dicen que en una pareja el proyecto compartido es tan importante como el sentimiento. Ellos lo comprobaron. Eligieron no forzar al otro a vivir una vida que no deseaba. Y, aunque el vínculo terminó, el respeto quedó intacto.

Porque hay historias que no se rompen por falta de amor, sino por exceso de honestidad.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS

Para disfrutar este artículo, análisis y más,
por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Full Promocional mensual

$740/mes

*LOS PRIMEROS 3 MESES, LUEGO $6990

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

Básico Promocional mensual

$570/mes

*LOS PRIMEROS 3 MESES, LUEGO $4500

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme
Ver todos los planes Ir al Inicio
cargando...
Básico Promocional mensual
Acceso ilimitado a www.eldia.com
$570.-

POR MES*

*Costo por 3 meses. Luego $4500.-/mes
Mustang Cloud - CMS para portales de noticias

Para ver nuestro sitio correctamente gire la pantalla