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La nueva cara de la estética: más jóvenes, más hombres y menos exceso

La demanda creció de forma sostenida en los últimos años, impulsada por la pandemia y las redes sociales. Bajó la edad de consulta, se incorporaron nuevos perfiles de pacientes y cambió la tendencia: hoy se busca lo natural por sobre la exageración

La nueva cara de la estética: más jóvenes, más hombres y menos exceso

advierte que “el dolor es tolerable” / magen generada por IA / GROK X

12 de Abril de 2026 | 07:54
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En los consultorios dermatológicos y centros de medicina estética del Gran La Plata, algo cambió de forma perceptible en los últimos años. No solo hay más pacientes: hay pacientes distintos. Más jóvenes, más hombres, y con una demanda que ya no apunta necesariamente a corregir algo visible, sino a prevenir, a cuidar, a preservar. El fenómeno tiene múltiples causas y genera tanto entusiasmo como interrogantes.

“En los últimos años hubo un crecimiento muy marcado en la consulta estética”, confirmó -en diálogo con EL DIA- Juliana Wagner, médica especialista en dermatología y medicina estética que trabaja en La Plata y Coronel Suárez. Para Wagner, ese aumento se potenció principalmente a partir de la pandemia, cuando las personas comenzaron a verse más en cámaras, a observarse con mayor detenimiento y a tener más tiempo para mirarse al espejo. “A esto se sumó un componente emocional importante: la angustia y el estrés de ese momento hicieron que muchas personas se perciban peor o estén más críticas con su imagen”, agrega.

A ese factor se sumaron otros que consolidaron la tendencia: mayor información disponible, naturalización de los tratamientos y, sobre todo, el impacto de las redes sociales. “Todo esto llevó a que cada vez más personas consulten, pero con una mirada distinta: buscando resultados naturales y personalizados”, señala Wagner.

Más jóvenes, más hombres

Uno de los cambios más notorios que registran los especialistas es la transformación del perfil de quienes consultan. Victoria Pérez Klala, dermatóloga de la Ciudad, lo observa en su práctica cotidiana: “La mayoría siguen siendo mujeres, aunque cada vez consultan más hombres. Antes era más común en pacientes más grandes, pero ahora ya desde los 25–30 años empiezan a aplicarlo, muchas veces con un objetivo más preventivo”, contó a EL DIA.

Wagner comparte ese diagnóstico y va más lejos. Según la especialista, “bajó la edad de consulta: vemos pacientes jóvenes que consultan alrededor de los 25 años o incluso antes, principalmente por tratamientos preventivos o, en algunos casos, para mejorar ciertos aspectos que les generan inseguridad o impactan en su autoestima”, indicó

En cuanto a los hombres, Wagner describe un proceso gradual pero sostenido: “Muchos consultan para comenzar a cuidar su piel con rutinas de skin care, también por tratamientos capilares y, cada vez más, por procedimientos de armonización facial”. Lo que antes era casi exclusivo del universo femenino hoy se expande hacia otros géneros, con menor resistencia cultural y mayor información disponible.

Qué se hace y cómo

Los tratamientos más demandados siguen siendo la toxina botulínica —popularmente conocida como bótox— y el ácido hialurónico. Pérez Klala explicó con precisión en qué consiste el primero: “La toxina se aplica en músculos específicos de la cara para relajar su contracción, lo que mejora las arrugas dinámicas —las que se forman con los gestos—, sobre todo en entrecejo, frente y patas de gallo”. El procedimiento, describió, “es rápido, con microinyecciones que molestan poco y se hace en pocos minutos”. Los resultados comienzan a notarse entre los tres y cuatro días, el efecto completo se alcanza a las dos semanas y dura entre cuatro y seis meses. En cuanto a los cuidados posteriores, son simples pero precisos: no acostarse por unas horas y evitar el ejercicio físico ese mismo día.

Una de las vecinas de La Plata que accedió a contar su experiencia —de 32 años, quien prefirió el anonimato— eligió el llamado “baby bótox”, una modalidad que aplica dosis menores con fines preventivos. “En mi caso, el objetivo principal es la prevención: busco evitar que las arrugas de expresión se profundicen y suavizar las líneas más finas que ya están presentes”, explicó. Describió el procedimiento como algo de “dolor tolerable” y destacó la importancia del control médico posterior a las dos semanas para evaluar el resultado.

Otra vecina, de 33 años, optó en cambio por la rinomodelación y el relleno de labios con ácido hialurónico. “Es casi indoloro: antes del procedimiento te colocan anestesia local en crema, tanto en la nariz como en los labios”, contó. El procedimiento dura alrededor de cinco minutos y consiste en inyectar ácido hialurónico en puntos estratégicos. En su caso, la motivación fue concreta: “Al reírme la nariz se me cae un poco y con este procedimiento podían levantarla para que eso no pasara. Fue un cambio muy sutil y casi imperceptible, pero yo notaba la diferencia”. En cuanto a los labios, buscó corregir una asimetría, aunque la médica le recomendó una intervención discreta para evitar un resultado antinatural. El ácido hialurónico que eligió dura hasta 18 meses antes de absorberse.

Un tercer testimonio, que conoció los tratamientos a través de una amiga dermatóloga, describió su experiencia con mayor distancia: “La verdad que no me dolió nada, unos pinchecitos muy leves en determinadas zonas de la cara”. Sin embargo, no continuó con el tratamiento: “Era medio caro y, al hacer entrenamiento de fuerza y gesticular con la cara, el efecto es mucho menor, entonces no le encontraba sentido en el costo-beneficio”.

Adiós al exceso

Un aspecto que los especialistas subrayan es el cambio en los criterios estéticos que guían las consultas actuales. Wagner lo sintetiza con claridad: hoy crece la demanda de tratamientos enfocados en la calidad de la piel, como bioestimuladores, skinboosters y láser. “Esto también tiene que ver con un cambio en la tendencia: se empieza a dejar de lado el exceso, sobre todo de rellenos con ácido hialurónico, que en algunos casos generaron rostros sobrecargados, poco naturales o ‘overfill’”, explicó. “Hoy el objetivo es lograr resultados más armónicos, respetando las facciones y mejorando la calidad de la piel”.

Wagner trabaja con lo que describe como una mirada integral del rostro: “Me dedico principalmente a la armonización facial, porque entiendo el rostro como un todo y no como zonas aisladas; esto me permite lograr resultados más naturales y equilibrados”. Esa filosofía de intervención moderada y personalizada parece ser hoy la que domina el mercado de referencia, al menos entre los profesionales más consultados de la región.

Pérez Klala coincide en destacar el componente preventivo como motor del crecimiento actual: “Creo que el aumento en la demanda tiene mucho que ver con la influencia de las redes sociales, el acceso a más información y también con un cambio en el enfoque: hoy se usa mucho como prevención, para evitar que las arrugas se marquen más con el tiempo”. Y agregó un dato que explica en parte la fidelización de los pacientes: “Con una sola sesión ya ves cambios en pocos días, eso engancha mucho porque el resultado es bastante inmediato”.

Accesibilidad, costos y la elección del profesional

En términos económicos, los tratamientos presentan una variación significativa según el procedimiento y el profesional. Wagner ofrece un panorama general: una sesión de aparatología facial puede ser más accesible, mientras que los tratamientos inyectables más frecuentes —toxina botulínica y ácido hialurónico— parten de los 300.000 pesos o alrededor de 300 dólares en adelante. Una sesión de radiofrecuencia, en tanto, puede rondar los 60.000 pesos. Pérez Klala precisa que el tratamiento de las tres zonas clásicas con toxina —frente, entrecejo y patas de gallo— se ubica alrededor de los 320.000 pesos.

Más allá del precio, la vecina que se realizó rinomodelación y relleno de labios destacó un aspecto que los especialistas también suelen subrayar: la elección del profesional es tan importante como la decisión de hacerse o no el tratamiento. “Me parece re importante saber elegir bien a la profesional porque va a saber indicarte qué es mejor para vos y a su vez escucharte y saber qué querés”, señaló. Esa misma lógica guió a la vecina que se aplicó baby bótox, quien fue enfática: “Lo más importante es que el tratamiento sea realizado siempre por un médico o médica especialista en medicina estética en un entorno que cumpla con todas las normas de bioseguridad; la salud debe estar por encima de cualquier estándar de belleza”.

Las redes, el espejo y la pregunta de fondo

El papel de las redes sociales en este fenómeno aparece en casi todos los testimonios, aunque con matices. Pérez Klala y Wagner coincidieron en que plataformas como Instagram y TikTok aceleraron tanto la difusión de los tratamientos como la demanda. La vecina que se hizo rinomodelación lo ilustra con su propia historia: “Me enteré de este tratamiento por verlo en redes sociales de gente que lo recomendaba y mostraba sus resultados. A partir de ahí, amigas que veían lo mismo probaron y me recomendaron un lugar particular acá en La Plata”. Sin embargo, matizó: “No sé si hay una presión de las redes sociales, pero seguro que es una ‘necesidad desbloqueada’ una vez que lo ves”.

La tercera vecina, en cambio, toma distancia de esa lógica: “No fue por moda, fue más que nada para ver si realmente veía cambios significativos y la confianza de tener una amiga dermatóloga. No me lo haría con cualquiera tampoco”.

Esa tensión —entre la decisión informada y autónoma y la presión del entorno digital— atraviesa de fondo todo el fenómeno. Los tratamientos estéticos no invasivos llegaron a La Plata para quedarse, y su crecimiento parece no tener techo visible. La pregunta que los especialistas dejan abierta no es si funcionan, sino con qué mirada se eligen: si desde el bienestar genuino o desde la exigencia de una imagen que nunca termina de ser suficiente.

Los procedimientos varían de precio según el especialista. Los más comunes, arriba de $300.000

Además del alza de consultas, hay una exigencia por resultados naturales y personalizados

Bajó la edad de consulta: vemos pacientes alrededor de los 25 años o incluso antes, que consultan principalmente por tratamientos preventivos o, en algunos casos, para mejorar ciertos aspectos que les generan inseguridad o impactan en su autoestima”

Juliana Wagner Médica especialista en dermatología y medicina estética que trabaja en La Plata

 

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