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Dermatólogos advierten sobre el aumento de pacientes con irritaciones, acné y rosácea tras usar cosméticos promocionados en redes sociales. El problema, aseguran, no es la cosmética asiática en sí, sino la circulación de productos baratos y sin regulación
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El fenómeno del “skin care coreano” dejó hace tiempo de ser una tendencia de nicho para convertirse en una de las industrias más influyentes del mercado global de la belleza. Sérums con mucina de caracol, cremas con fermentados, tónicos calmantes y rutinas de diez pasos aparecen todos los días en TikTok, Instagram y Pinterest, impulsados por influencers, videos virales y promesas de “glass skin”, esa piel luminosa y perfecta que se transformó en un ideal estético para millones de personas.
En Argentina, el boom también se siente. Cada vez son más las personas que compran productos importados por internet, siguen recomendaciones de creadores de contenido o replican rutinas completas vistas en redes sociales. Pero detrás de ese crecimiento acelerado también aparecen advertencias de especialistas que observan un aumento de consultas por problemas dermatológicos asociados al uso incorrecto de cosméticos o a productos de origen dudoso.
“Definitivamente en el consultorio estoy viendo cada vez más pacientes usando productos de ‘skin care coreano’ o consultando específicamente por ellos”, señaló, en diálogo con EL DIA, Juliana Wagner. Según explicaó, gran parte del fenómeno está impulsado por las redes sociales, donde constantemente se viralizan mascarillas, sérums o cremas que prometen resultados rápidos y una piel perfecta.
La especialista aclaró que el problema no es la cosmética coreana en sí misma. De hecho, destaca que Corea del Sur es uno de los países más avanzados del mundo en innovación cosmética. “Existen marcas coreanas excelentes y muy innovadoras”, afirmó. Sin embargo, el conflicto aparece cuando productos de origen incierto se comercializan bajo la etiqueta de “K-beauty” sin garantías sobre su autenticidad, composición o controles sanitarios.
“La realidad es que hoy muchísimos productos se venden como ‘skin care coreano’ y no sabemos si son originales, si están regulados o siquiera si contienen los activos que dicen contener”, advirtió Wagner. En ese punto, menciona la proliferación de artículos extremadamente baratos en bazares o comercios no especializados, algo que, según remarca, debería despertar sospechas.
“Desarrollar cosmética segura, con buenos ingredientes, estabilidad química y controles de calidad tiene un costo. Entonces cuando uno ve productos muy baratos, surgen preguntas lógicas: cómo ingresaron al país, si son originales, si están regulados o si realmente contienen los ingredientes que prometen”, planteó.
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El crecimiento global del K-beauty explica en parte esta expansión. En la última década, Corea del Sur consolidó una fuerte influencia cultural a través del K-pop, los k-dramas y la llamada “ola coreana” o Hallyu. Esa proyección internacional funcionó también como plataforma para la industria cosmética, que hoy marca tendencias en innovación, formulación y experiencia de usuario.
Marcas como COSRX, Laneige, Beauty of Joseon, Dr. Jart+, Innisfree o Sulwhasoo se volvieron populares en todo el mundo gracias a fórmulas ligeras, ingredientes novedosos y estrategias digitales muy agresivas. El fenómeno se apoya especialmente en redes sociales, donde las rutinas de cuidado facial se transformaron en contenido aspiracional y de consumo masivo.
El atractivo también pasa por los precios. Muchos usuarios encuentran en plataformas internacionales productos considerablemente más baratos que los disponibles en farmacias o perfumerías argentinas. A eso se sumó recientemente la flexibilización de controles para compras personales vía courier, luego de que el Gobierno eliminara trámites de autorización previa de ANMAT para determinados productos cosméticos importados para uso individual.
Aunque la medida facilita el acceso a cosméticos extranjeros, también abrió un debate entre especialistas sobre los riesgos de consumir productos sin trazabilidad clara. Wagner insistió en que, en Argentina, los cosméticos deberían cumplir regulaciones de ANMAT relacionadas con seguridad, etiquetado, importación y control sanitario.
“Cuando un producto entra sin esos controles, el consumidor pierde garantías importantes”, señaló.
Las consecuencias, asegura, ya se reflejan en los consultorios. “Cada vez recibimos más pacientes con dermatitis irritativas, piel extremadamente sensibilizada, brotes de acné, rosácea exacerbada o manchas después de usar productos recomendados en TikTok sin asesoramiento profesional”, analizó.
Muchas veces el problema no está únicamente en un producto puntual, sino en la combinación excesiva de activos. “Vemos rutinas completas copiadas de redes sociales donde mezclan ácidos, retinoides, vitamina C y exfoliantes sin saber realmente cómo funciona la piel”, añadió.
En los últimos años, términos como retinol, niacinamida, ácido hialurónico o péptidos dejaron de pertenecer exclusivamente al lenguaje dermatológico y pasaron a formar parte de conversaciones cotidianas en redes sociales. Las marcas de K-beauty potenciaron esa tendencia al presentar productos cada vez más especializados y asociados a resultados rápidos.
Sin embargo, Wagner manifestó que la piel no responde igual en todas las personas y que el exceso de productos puede terminar dañando la barrera cutánea.
“Cada vez recibimos más pacientes con dermatitis irritativas, piel extremadamente sensibilizada, brotes de acné, rosácea exacerbada o manchas después de usar productos recomendados en TikTok sin asesoramiento profesional”.
Juliana Wagner Médica especialista en dermatología y medicina estética
“Las redes sociales instalaron mucho la idea de que mientras más productos uses, mejor va a estar tu piel, y no necesariamente es así. A veces menos es más. La barrera cutánea necesita equilibrio”, expresó.
El modelo coreano de cuidado facial se basa justamente en rutinas por capas y en el uso constante de distintos pasos de limpieza, hidratación y tratamiento. Aunque esa lógica puede ser efectiva cuando está bien indicada, los especialistas advierten que replicarla sin evaluación profesional puede traer complicaciones, sobre todo en pieles sensibles o con patologías previas.
En paralelo, el componente visual y aspiracional juega un papel central. Envases llamativos, campañas minimalistas, influencers mostrando resultados inmediatos y videos con millones de reproducciones alimentan el deseo de consumo constante. Para Wagner, ese contexto favorece la desinformación.
“Lo viral no siempre significa seguro. Hoy hay mucha desinformación y muchísimo marketing. Un envase lindo, una tendencia en TikTok o millones de visualizaciones no garantizan calidad ni seguridad dermatológica”, remarcó.
La situación también preocupa por la dificultad de verificar autenticidad. En marketplaces internacionales o comercios informales circulan imitaciones, productos reetiquetados o cosméticos sin información clara sobre ingredientes, vencimientos o procedencia. Incluso especialistas del sector advierten sobre la aparición de etiquetas falsas con supuestas autorizaciones sanitarias.
Aun así, el crecimiento del K-beauty parece lejos de frenarse. La industria coreana logró instalar no sólo productos, sino una forma de entender el cuidado personal asociada al bienestar, la prevención y la estética cotidiana. El concepto de “glass skin”, las rutinas minimalistas y la búsqueda de ingredientes innovadores ya forman parte de la conversación global sobre belleza.
En Argentina, las marcas internacionales también avanzan. Algunas comenzaron a desembarcar oficialmente en el mercado local a través de tiendas especializadas y distribuidores habilitados, ofreciendo productos con etiquetado correspondiente y canales de comercialización regulados.
Para Wagner, el desafío pasa por encontrar un equilibrio entre acceso, innovación y cuidado responsable. “Siempre recomiendo comprar cosmética en lugares habilitados, verificar etiquetado e importador, desconfiar de productos excesivamente baratos y, sobre todo, consultar con profesionales antes de seguir cualquier moda viral”, concluyó.
En un escenario donde las tendencias cambian a la velocidad de un algoritmo y cada semana aparece un nuevo producto milagroso, los especialistas insisten en una idea simple: ninguna rutina viral reemplaza el conocimiento sobre la propia piel.
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Juliana Wagner Médica especialista en dermatología y medicina estética
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