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Tiene 18 años. Es de Florencio Varela. Quería volver nadar y sus papás construyeron una pileta “artesanal”. Los Juegos, su ilusión
Adrián D’Amelio
adamelio@eldia.com
Son tiempos difíciles para todos. La pandemia de coronavirus nos cambió la vida. Sin lugar a dudas habrá un antes y un después. En estos días impera el dolor, el miedo a la incertidumbre por lo que vendrá y las muertes dominan el centro de la escena; aunque siempre surgen historias que reconfortan el corazón y nos dejan lugar a la ilusión. En este caso, el protagonista se llama Sebastián Galleguillo.
Hoy, Sebastián tiene 18 años, pero hasta aquí tuvo que atravesar múltiples inconvenientes, que no lo hicieron retroceder; sino todo lo contrario, siempre fue dando un paso hacia adelante acompañado por el sostén de sus papás: Marta y Edmundo, que tampoco claudicaron ante la adversidad que se les presentó en la vida. El amor hacia ese hijo se hizo cada vez más fuerte.
Seba, como le gusta que le digan, nació el 27 de abril de 2002. En el momento de nacer solamente pesó 1.300 kilogramos lo que le trajo aparejado un sinfín de inconvenientes de salud. En principio tuvo un retraso madurativo, pero con el paso el tiempo lo superó en base a terapia; aunque en forma paulatina fue perdiendo la audición como consecuencia de una hipoacusia bilateral neurosensorial. Sufrió bullying en la escuela, pero se sobrepuso a todo. Nunca se entregó teniendo como pilar a sus padres.
Los Galleguillo son una familia humilde que vive en la zona rural de Florencio Varela. Marta y Edmundo se juntaron; aunque ya habían tenido hijos con sus anteriores parejas. Fruto de su unión nació Sebastián, que es el más mimado por ser el más chico. No les sobre nada, pero han construido sus vidas en base al esfuerzo, el sacrificio y al trabajo.
La casa de Sebastián se encuentra más precisamente en el Barrio La Capilla, cuyo nombre se debe a la Capilla Presbiteriana Escocesa de St. John que se enclavó en dicho lugar en 1854. El mismo está distante a 14 kilómetros del centro de Florencia Varela. Al norte limita con las localidades de Villa Brown, Villa San Luis e Ingeniero Juan Allan; al este con la localidad de El Pato (partido de La Plata) y al oeste con San Vicente y Presidente Perón.
Con Marta y Edmundo, Sebastián recorrió muchos médicos y especialistas, ya que le supuraba líquido desde los oídos. “Fuimos a muchos lugares hasta que dimos con la doctora D’Agostino y el grupo de Fonoaudiología del Hospital Mi Pueblo de Florencio Valera que dieron con el diagnóstico justo, ya que se trataba de hipoacusia bilateral neurosensorial”, comenzó diciendo la mamá en el diálogo que mantuvo con este medio.
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A esa altura, Sebastián tenía siete años y comenzó con el tratamiento específico, pero por el hecho que acumulaba mucha mucosidad, la Dra. D’Agostino lo derivó a que practique natación para que tenga una mayor capacidad respiratoria. Empezó en el área de discapacitados hasta que por sus condiciones, con el paso del tiempo, fue mejorando en su nivel por lo que escaló la categoría de convencionales. El actual entrenador es Guillermo Nobre y hasta que se desató la pandemia de coronavirus practicaba en el Polideportivo Municipal La Patriada de Florencio Varela.
Sebastián hace una vida normal como cualquier otro chico de su edad; aunque tiene que utilizar audífonos, porque su capacidad para escuchar está disminuida a la mitad. La casa de los Galleguillos se encuentra inmersa dentro de un lote donde predominan los álamos. No tienen agua corriente, sino que se abastecen por medio de una bomba.
Al ser un lugar amplio, Sebastián desarrollaba la actividad física que había planificado el profe Nobre, ya que debido al confinamiento obligatorio por la pandemia del Covid-19 no puede moverse de su casa. Hasta que un día les dijo a sus papás: “necesito nadar”. Ambos se miraron, pero Marta puso en marcha su “plan maestro”: construir una pileta.
“Empecé a buscar en Internet algunas alternativas como así también en YouTube. Investigando encontré un par de cosas interesante. Lo consulté a Guille (el profe Nobre) para que me guié y nos pusimos manos a la obra para que Seba tenga su pileta para que pueda nadar. En un principio, mi marido estaba algo reacio, pero enseguida se puso a trabajar”, aclaró Marta que se encarga de la costura tanto a la hora de cambiar un cierre como para confeccionar un vestido.
En ese momento, cuando Sebastián les había pedido a sus padres que necesitaba nadar, había transcurrido el día número 77 de cuarentena. “Si bien tenemos nuestras necesidades estamos bien así con lo que tenemos no nos falta” aclaró Marta agregando al respecto que “se que se utilizaron elementos no convencionales para el armado de la pileta. Nos prestaron cosas los vecinos, pero el fin es que Seba tuviese su lugar para poder practicar en el agua”.
En primer término se eligió el lugar para construirla. Este fue en el fondo de la casa donde el sol pega con mayor intensidad durante el día sobre todo ahora por la temporada invernal. Después, lo más complicado era armarla con escasos recursos económicos. En tal sentido se utilizaron troncos de álamos, maderas atravesadas, chapas, nylon y portones viejos que consiguieron y acercaron los vecinos para armar la pileta que cuenta con 12,5 metros largo, 2 de ancho y uno de profundidad.
“Esa medida, que en semejante a uno de los andariveles de un pileta de natación, fue los que nos indicó el profe Guille para que de esta manera Seba pueda nadar y también controlar los tiempos, resaltó Marta. Otro tema fue el agua. Así fue que tras llenar la piscina con agua de bomba se fabricó una especie de caldera en un tanque donde por dentro se colocó una serpentina de caño de cobre de tres cuartos por 15 metros que funciona a leña y proporciona el agua caliente, que además se recicla constantemente.
La construcción tardó tres días. Edmundo, el papá Sebastián, que se dedica a tareas de albañilería, fue el encargado llevar a delante la obra con otros integrantes de la familia que también aportaron lo suyo. Prácticamente se trabajó día y noche para la realización de la edificación de la pileta “artesanal”, pero realmente eficaz.
Claro que Sebastián, una vez que culminó el entrenamiento de la tarde, también tuvo la palabra en la charla con este diario. “Me encanta la natación, es mi deporte preferido y no importa si iba a nadar en agua fría o caliente, yo quería nadar y gracias a mis papas y todos los que ayudaron pude volver a hacerlo. En el futuro mi sueño es poder representar a Argentina en un Juego Paralímpico o la Sordolímpiadas”, recalcó el pibe que cumplió los 18 años en plena cuarentena.
La mamá retomó el relato y al ser consultada sobre el tema del coronavirus dijo que “acá en esta zona rural de Florencio Varela, prácticamente no tenemos problemas, ya que es un área descampada y por ejemplo mi vecino más próximo se encuentra a 80 metros y el otro a 120; aunque de todas maneras tomamos los recaudos necesarios del caso”.
En cuanto a si Sebastián necesitaba algo en particular, Marta afirmó que “le haría falta un traje de neoprene, ya que uno usado que le habían regalado hace un tiempo se le rompió, pero nuestra idea no pasa por pedirle nada a nadie porque con lo que tenemos nos alcanza. Solamente lo queremos ver contento y eso nos hace felices”.
Sebastián Galleguillo se ha ido superando con el paso del tiempo, ya que hasta aquí consiguió resultados rutilantes, sobre todo en los 200 metros pecho, que sorprendieron a su propio entrenador y al resto del cuerpo técnico del seleccionado de la Confederación Argentina Deportiva de Sordos (CADES).
En tanto, el amor y el sacrificio de sus padres Marta y Edmundo, no tiene barreras y se encargaron de dar un ejemplo que con muy poco se pude hacer mucho. El resultado está a la vista.
“En el futuro, mi sueño es representar al país en un Juego Paralímpico o Sordolimpíadas”
Sebastián Galleguillo, Nadador
“Se usaron elementos no convencionales. Ayudaron los vecinos. Todo para que Seba pueda entrenar”
Marta, mamá de Sebastián
Sebastían con sus papás Marta y Edmundo en la pileta casera y con su profe guillermo, en la pileta / el día
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