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La Ciudad |SU GESTIÓN COMO PRESIDENTE DE LA UNLP

Un romántico que impulsó las leyes más gravitantes en el país

La legendaria vida de Alfredo Palacios, primer diputado electo en América por el socialismo. Fue expulsado del partido por su afición a los duelos. Brilló en las primeras décadas del siglo pasado

Un romántico que impulsó las leyes más gravitantes en el país

Alfredo Palacios al votar

1 de Marzo de 2026 | 23:30
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Alfredo Palacios (1880-1965), nacido y fallecido en la ciudad de Buenos Aires, dedicó más de sesenta años de su vida a tareas como político, legislador, profesor de Derecho y presidente de la Universidad Nacional de La Plata entre 1941 y 1943. Y todas esas actividades, a las que sumó las de escritor, forjaron una personalidad avasallante, la de un luchador romántico pero lúcido sobre cada uno de los temas que abordó.

Fue el primer diputado socialista elegido en toda América y, en la práctica, fundador del entonces poderoso Partido Socialista en la Argentina que nucleó figuras como las de Alicia Moreau de Justo, Mario Bravo, Enrique Dickmann, Nicolás Repetto y Américo Ghioldi, entre muchos otros.

A sus proyectos de ley y a su talentosa voluntad, se le debe la sanción antes de 1940, en ocasiones con el apoyo de los bloques conservadores, de una gran cantidad de leyes protectoras de los derechos de los trabajadores, las mujeres y los niños. Uno de sus compañeros de lucha, Héctor Polino, al cumplirse un aniversario del fallecimiento de Palacios, reseñó entre esas normas la limitación de la jornada de trabajo a un máximo de 8 horas para los adultos.

También propició Palacios la prohibición del trabajo a menores de 14 años, y la reducción de la jornada a 6 horas a los jóvenes de ambos sexos de 14 a 18 años. Se votó también su famosa “ley de la silla”, que obligó a los comercios a ofrecerles ese descanso a sus empleados, el seguro obligatorio de los obreros contra accidentes de trabajo, la ley del descanso dominical, el impuesto progresivo a la herencia, el sábado inglés, con cesación del trabajo a las 13 hs, el pago de salarios en moneda nacional y las vacaciones pagas, entre otras.

Añadió Polino que “frente a la igualdad formal que proclamaba el Código Civil, Palacios desarrolló el nuevo derecho fundado en las desigualdades reales que existen en las relaciones de trabajo. Su pensamiento está vigente porque hoy como ayer en muchos ámbitos se desvaloriza el trabajo humano. Fue un adelantado en la lucha por el reconocimiento del aporte de la mujer en el progreso de la sociedad, y en el reconocimiento de la educación como medio para elevar las condiciones de vida del pueblo”.

Agregó que Palacios “combatió la demagogia, el populismo, el clientelismo político porque consideraba que eran formas de sometimiento que degrada la condición humana, llevada a cabo por políticos inescrupulosos para enriquecerse y perpetuarse en el poder”.

Como líder político, Palacios había creado su bastión en el barrio porteño de la Boca, en donde fue electo por primera vez en 1904. “La Boca ya tiene dientes”, dijo el dramaturgo Florencio Sánchez. Sin dudas, cuando Palacios fue legislador los más desprotegidos lograron importantes beneficios. Pero en elecciones en décadas posteriores no sólo venció a dirigentes conservadores y radicales, sino que ya con edad avanzada, en 1961, derrotó al candidato del peronismo.

UNA PERSONALIDAD ÍNTEGRA

Pero Palacios cimentó también su popularidad con los rasgos de su personalidad romántica. Vestía casi como un mosquetero, usaba mostachos más espesos que los de Dalí, pantalón negro, saco negro y una chalina de un conjunto en el que emergía su cabellera primero ennegrecida y luego visitada por las canas.

Fue también un verdadero maestro en esgrima y sostuvo varios duelos resonantes, algunos de ellos a sable y otros a pistola. Todo eso ayudaba a convertirlo en una suerte de héroe romántico y el duelo más resonante fue el que quedó trunco, contra el radical platense Horacio Oyhanarte. En el recinto de Diputados se cruzaron y Palacios, en 1915, lo desafió a duelo. Ocurrió que el Partido Socialista consideraba el duelo como una costumbre burguesa, de modo que lo expulsó del partido a Palacios.

Mientras tanto los padrinos –Marcelo T. de Alvear y Leopoldo Melo por Oyhanarte, y Luis María Drago y Julio Roca por Palacios- habían acordado no concretar el duelo por considerar que no existían motivos, pero igual el Partido Socialista expulsó a Palacios. Expulsión que años después fue cancelada, mientras el vehemente Palacios siguió retándose a duelo a pistola con Beascochea y Rodríguez. Con uno de ellos, le quedaba a Palacios el disparo último y afirmó “no puedo dispararle a un amigo”, de modo que gatilló y tiró hacia el suelo.

Palacios fue también uno de los que revitalizó la aeronáutica y acompañó a Jorge Newbery en sus vuelos en globo. Fue un impenitente amante de muchas mujeres –un Don Juan que nunca se casó- y entre esos amoríos se recuerda uno que mantuvo con una hermosa dama platense. El día en que esta mujer falleció, el socialismo y mucha gente aguardaba en el velorio la posible aparición de Palacios, pero muchos creían que no lo haría.

De pronto, Palacios apareció en la casa de velatorio. Se produjo un silencio impresionante. Se dirigió entonces a la capilla ardiente seguido por esa apretada multitud. Tras unos segundos de silencio, con aquella entonación de español antiguo que tenía, dijo Palacios con voz quejumbrosa: “¡Tragedias del celibato...no poder llorarla...!”.

EN LA UNIVERSIDAD

Una publicación interna de la UNLP reseñó los antecedentes de Palacios como alumno en la Universidad de Buenos Aires, calificándolo como “un reformista antes de la Reforma Universitaria”. Consigna que “en mayo de 1900 presentó su tesis doctoral “La Miseria. Estudio administrativo-legal”. La comisión encargada de evaluarla lo desaprobó y decidió archivarla por contravenir la Ordenanza General Universitaria que prohibía toda palabra injuriosa para las instituciones.

En cuanto a su tarea como Presidente de la UNLP iniciada en junio de 1941 “y siempre alentando una gestión reformista, creó el Instituto del Teatro, en la búsqueda de un espacio artístico con fines sociales. Además, puso en marcha un plan con una cátedra para todos los estudiantes que brindaba una base humanística general, y estimuló la vinculación de los graduados. Proyectó la creación del Instituto Iberoamericano. Además, incorporó la casa de descanso de Samay Huasi en Chilecito, La Rioja, al patrimonio universitario. Renunció en octubre de 1943, oponiéndose a cesantías de docentes opositores”.

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